Hace más años de los que quiero reconocer, me dio mucha risa una tira de Quino que representaba a Mafalda tratando de razonar por qué no había una Presidenta de la República. Mafalda se imagina a una Señora Presidenta, luego se imagina que le llevan unos expedientes secretos, y al fin se imagina que, regodeándose ante el contenido, la funcionaria no aguanta más y levanta el teléfono ¡para contarle el secreto a una de sus amigas!
Perdón, pero en su tiempo fue muy chistoso. Hoy día sería visto como un cartón misógino. Pero lo clave es que frente a todo lo que ha pasado, el chismorreo de uno que otro secreto presidencial parece poca cosa, muy poca cosa. Es por eso que me parece muy positiva la tendencia marcada por una investigación del BID titulada "La mujer, la política, y el futuro democrático en América Latina".
El estudio dice que en los últimos diez años, la participación de las mujeres en la política latinoamericana pasó de nueve a 14 por ciento en secretarías, de cinco a 13 por ciento en el Senado y de ocho a 15 por ciento en la Cámara de Diputados, en todos los casos incrementos superiores al 50 por ciento.
Parte del estudio explica la razón detrás de esta tendencia: una encuesta Gallup levantada en seis ciudades latinoamericanas dice que 57 por ciento de los consultados juzgan que las mujeres están mejor preparadas que los hombres para combatir la corrupción y la ineficiencia gubernamental.
Todavía no hace ni medio mes, un informe de la ONU lamentaba, en ocasión del Día Internacional de la Mujer, que "en gran parte las mujeres siguen siendo invisibles, y sus voces siguen sin ser oídas".
Yo no soy precisamente un adalid del feminismo, pero cualquiera puede reconocer cuando algo es positivo, y creo que muchos estarán de acuerdo con el hecho de que, en igualdad de oportunidades, las mujeres nos dan quinto y las malas en mil aspectos de la vida.
Yo, por ejemplo, si conservara el dinero en la mano, no tardaría en darle mate en cualquier tontería, sin organizar el gasto. Por eso opté, sabiamente, por poner esa responsabilidad en manos de mi esposa. Un ejercicio muy razonable para cualquiera que tenga dudas a este respecto sería hacerse cargo de la operación de la casa durante una semana. Una semana que se convertirá, subjetivamente, en meses y meses de terror, como he podido constatar más de una vez. Así pues, sin pensarlo más, bienvenida sea la feminización.