En la conferencia magistral que impartió hace unos días en Zapopan, el doctor Ruy Pérez Tamayo dibujó ante los asistentes un ejercicio de prospectiva cuyo tema de estudio era la investigación científica mexicana.
Como suele hacerse en los ejercicios de elaboración de escenarios, el eminente investigador dibujó un escenario muy positivo, uno muy negativo y uno al que llamó realista.
En su escenario muy negativo, se imaginó a la ciencia mexicana totalmente abandonada por el gobierno federal. En una situación así, la ciencia moriría y, bajo la mano implacable del mercado, las universidades privadas prosperarían como hongos mientras que el país se polarizaría cada vez más entre ricos y pobres, en un lento naufragio marcado por un resurgir de los fundamentalismos más obsoletos.
En su escenario muy positivo, Pérez Tamayo se imaginó a un gobierno que por asumir al fin su responsabilidad en estos asuntos, le asignaría muchos momento andan medio sin rumbo. El escenario realista del investigador de la UNAM implica que la ciencia avanza en la medida en que la sociedad civil la impulse, como ha ocurrido en el último medio siglo.
Como vil chinche, ahora me treparé a mi cajita de jabón para ofrecer mi propia versión del futuro de la ciencia mexicana. Para empezar, en este cocido agregaré al sector privado, cuya participación en la ciencia nacional todavía está muy, pero muy por debajo de lo necesario: hasta cierto punto el raquitismo de nuestra ciencia es hijo también de la miopía de un sector privado culpa es del Congreso, el sector privado se amacha en la estrategia de la queja perpetua para sacarle la vuelta a su responsabilidad, los científicos hacen lo mismo desde la inopia, y la sociedad civil les echa la culpa a todos mientras sigue embebida viendo el futbol, los reality shows y los certámenes ... por un sueño.
En mi escenario positivo, el gobierno pone las reglas y el marco, de modo que se estimule la inversión en ciencia y tecnología; el sector privado le apuesta más al largo plazo y por tanto paga por los desarrollos; los científicos reciben honores y son apreciados en la medida en que aporten al desarrollo tanto que para eso paga impuestos (es un escenario positivo, después de todo), presiona cuando debe para que los temas relevantes sean bien apoyados.
En mi escenario realista, el gobierno avanza a su propio ritmo (lento); el sector privado reconoce que para sobrevivir tiene que apostarle, así que aprende a presionar al gobierno para que se mueva mejor; los científicos aprenden que el pastel es chico y que es preciso negociar muy bien si se quiere más tajada, y la sociedad civil se queja de todo sin dejar de trabajar para sacar el chivo.
El escenario negativo conduce a un país empobrecido y anárquico; el positivo, conduce a un México que de pronto aparece como una nueva India o una China a la mexicana, y en el realista el país se instala con dificultades pero con solidez en el ámbito internacional. ¿Cuál escenario es más probable? Depende de lo que hagamos cada uno de nosotros en nuestro papel. ¿Qué México queremos tener? Actuemos en consecuencia.