Como la imagen convencional de Charles Darwin lo retrata como un viejito barbudo o como un joven tímido a bordo del Beagle, siempre es interesante aprender detalles nuevos acerca de la vida de este personaje que revolucionó la biología con su discutida teoría de la evolución.
Ya está disponible en internet, gracias a la Universidad de Cambridge, el primer borrador de dicha teoría, junto con un enorme caudal de documentos (unos 90 mil papeles) que contienen, de puño y letra de Charles Darwin, toda clase de minucias.
Disponibles gratuitamente en http://darwin-online.org.uk [1], los papeles incluyen una trivialidad que de inmediato captó mi atención: la famosa lista que escribió Darwin en 1838 sobre ¡los pros y contras de casarse!
“Razones para no casarse: libertad para ir adonde uno quiera; elección de Sociedad & algo de ella. – Conversación de hombres agudos en clubes – No obligación de visitar a parientes, & y de ceder a cualquier fruslería. – tener el costo & la ansiedad de los hijos – quizás discutir – Pérdida de tiempo. – no poder leer en las Tardes – gordura y ocio – Ansiedad y responsabilidad – menos dinero para libros”.
En cuanto a los argumentos para sí casarse, mencionó: “Hijos – (si quiere Dios) – Compañía constante (& amistad en la vejez) que se sentirá interesada en uno, – objeto a ser amado y con quien jugar. – en todo caso mejor que un perro”. What?
En fin, el gran naturalista consideró también entre los posibles beneficios del matrimonio “los placeres del cotorreo femenino”, aunque a fin de cuentas apuntó que la boda implicaría “cosas buenas para la salud de uno pero una pérdida terrible de tiempo”.
Cuando escribió estos apuntes, Darwin tenía 28 años y había regresado de su épico viaje a bordo del Beagle. Pero a fin de cuentas, en 1839 se casó con su prima Emma Wedgewood y no parece habérsela pasado tan mal: el tímido científico tuvo con Emma diez hijos en la vastedad de Down House.
Véase, como postre, lo que comentó Darwin a propósito de su primer hijo, William Erasmus, nacido el 27 de diciembre de ese año de 1839: “Durante la primera semana, bostezó, se estiró como un viejito – sobre todo las extremidades superiores – le dio hipo – estornudos”.
Lo dijo John van Wyhe, director del proyecto, éste es “el verdadero Darwin”. Vaya pues.