En México es bien conocida la corrupción que domina la vida antidemocrática del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, sin embargo, ninguna de las cinco iniciativas sobre el petróleo (que no de energía) enviadas por Felipe Calderón al Senado, le toca un solo pelo.
La propuesta de nueva Ley Orgánica de Petróleos Mexicanos sugiere un nuevo Consejo de Administración que mantiene a los cinco representantes del Sindicato e incrementa de seis a diez los que tiene el ejecutivo federal, al agregar cuatro “consejeros profesionales”. Entre los 15 decidirán, de forma colegiada, el futuro de una empresa que debería ser de millones de mexicanos.
Esta iniciativa es laxa con el sindicato y le otorga muchos poderes al ejecutivo, cuando son justamente estos dos sectores los que han debilitado la empresa.
Si se quiere fortalecer el desarrollo tecnológico de Pemex, habría que ampliar la participación ciudadana. Aquí una propuesta.
El ejecutivo tendría cuatro consejeros, tres el sindicato y ocho “consejeros profesionales” que representen a la sociedad y que, necesariamente, tendrían que ser expertos de la industria petrolera: tecnólogos, ingenieros o científicos, que hayan realizado investigación e innovación tecnológica en este sector.
De preferencia, que tengan doctorado en México o el extranjero, que sean mexicanos de nacimiento y pertenezcan a la plantilla de investigadores de alguna institución de investigación y de educación superior del país o del extranjero.
Los campos en los que deberán ser expertos estarán íntimamente relacionados con la industria petrolera como la ingeniería petroquímica, química, mecánica, las geociencias, entre otras.
Asimismo, para ciudadanizar al consejo de administración, los ocho expertos deberán ser nombrados por las Cámaras de Diputados y Senadores, a propuesta de organizaciones científicas no gubernamentales y universidades.
Un consejero por cada una de los siguientes organismos: la Academia Mexicana de Ciencias, la UNAM, la UAM, el IPN, la Academia de Ingeniería, la Asociación Mexicana de Directivos de la Investigación Aplicada y el Desarrollo Tecnológico, la Universidad de Guadalajara, y la ANUIES.
Contar con estos especialistas sin filiación partidista le daría a Pemex la fortaleza tecnológica que tanto necesita.