¿Cómo se llama el alemán ese..? ¡Alzheimer! Es buen chiste, pero no se necesita padecer esta terrible enfermedad para sufrir lo que los especialistas llaman estados “en la punta de la lengua”… Usted sabe: esas desesperantes ocasiones en que uno sabe exactamente qué palabra está buscando, incluso con qué letra comienza, pero no puede decirla.
Los científicos, esos curiosos profesionales, se interesan en el fenómeno, pues ayuda a entender cómo nuestro cerebro realiza una de sus funciones más complejas, pero que más damos por sentado: el habla. En la revista American Scientist, la psicóloga Lise Abrams describe investigaciones que ella y otros realizan para entender un poco mejor, a través del fenómeno “punta de la lengua”, el habla humana.
Ésta consta de varias fases: primero, se tiene una idea abstracta y no verbal de lo que se desea decir. Después, el cerebro selecciona el léxico (vocabulario) que se usará para comunicar el mensaje. Luego, construye un “lema”: la frase, gramaticalmente correcta, que comunique el significado. Finalmente, se ordena a los músculos correspondientes que produzcan los sonidos (fonología) que darán forma al mensaje hablado.
En los estados “punta de la lengua”, el cerebro elige el lema (por eso sentimos que “sabemos” qué palabra tenemos atorada), pero no logra producir su fonología.
Usando computadoras, los investigadores han desarrollado un método sencillo para explorar qué ocurre en estos casos. Se le hacen preguntas a un sujeto hasta que encuentre una palabra que “sabe”, pero no puede articular. Entonces, se le muestra una lista de palabras que pueden o no estar relacionadas con la palabra “atorada”. Se ha descubierto así que palabras cuya primera sílaba coincida con la buscada ayudan a resolver el problema, pero no así las palabras que compartan otras sílabas, o sólo la primera letra.
Los estados de “punta de la lengua” son comunes y normales: los resolvemos varias veces al día. Pero se vuelven más frecuentes y molestos con la edad, especialmente después de los 70 años. Y pueden convertirse en un problema, pues los ancianos que los padecen pueden sentirse torpes e incluso comenzar a hablar menos, aislándose.
Desgraciadamente, las investigaciones de Abrams no indican ninguna terapia que pueda ayudar. Por lo pronto, lo único que sirve es distraerse un poco y esperar a que la palabra aparezca sola. ¡Ni modo!