El 25 de julio de 1865, Sophia Bishop preparó para su entierro el cadáver del doctor James Barry, víctima de la epidemia de disentería que azotó Londres ese verano. Cuando el cuerpo descansaba en el cementerio, la doncella soltó una bomba: el doctor Barry, dijo, en realidad era “una hembra perfecta”.
¿Era cierto? Los altos mandos militares quedaron horrorizados ante la idea, y ocultaron más de un siglo el expediente del ilustre médico. Como no hubo autopsia, sólo quedaba para el comentario la declaración de una simple doncella.
Eso bastó. Durante casi siglo y medio los historiadores han dado vueltas al misterio del doctor Barry. Una solución final acaba de ser publicada en el South African Medical Journal, debida a la pluma y afanes de Michael du Preez, urólogo retirado.
La historia, resumida por New Scientist, contiene dosis de misterio, intriga y romance: después de todo, el doctor Barry llegó a ser inspector general de hospitales militares, y uno de los galenos más influyentes de la Inglaterra victoriana.
Los recuentos lo describen como de estatura diminuta, rizos color arena y voz atiplada; era un personaje ambivalente, a la vez solícito y peleonero, exquisito y valiente. Bregó por conseguir mejores condiciones y alimentos para la tropa en todas las guarniciones que recorrió en 45 años de vida activa, luchó a balazos con un hombre en un duelo y fue sometido a corte marcial. Fue el primer cirujano inglés que en una cesárea realizada en 1826 salvó a la madre y a su criatura.
En la década de 1950, la historiadora Isobel Rae convenció al ejército de que abriera los expedientes de Barry. Así pudo reconstruir parcialmente la imagen del doctor. Sugirió que sí había sido mujer, sobrina del artista James Barry, profesor de pintura en la Real Academia de Londres. Pero no tenía pruebas.
Cuando Du Preez se retiró, decidió buscar en los expedientes de la familia Barry y encontró. Vaya que encontró.
Estas son sus conclusiones: el doctor James Barry nació como Margaret Ann Bolkley, hija única de Jeremiah, un abarrotero de Cork, y de Mary-Ann, hermana del citado artista James Barry.
En 1803, el padre de Margaret cayó en prisión por deudas, y las dos mujeres quedaron desamparadas. Pidieron ayuda al artista, que tenía entre sus contertulios a personajes como el médico Edward Fryer y el patriota venezolano Francisco Miranda.
En febrero de 1806, el artista murió, y dejó parte de su dinero en un fondo para Margaret y su madre. La joven estudió tres años con el doctor Fryer y en la biblioteca de Miranda, y al parecer el general venezolano le ofreció un empleo en América cuando consiguiera la independencia de España.
Las escuelas de medicina no aceptaban mujeres. En algún momento, Fryer, Miranda, el notario de la familia Daniel Reardon, la madre de Margaret y la propia joven decidieron inventar a un muchacho para que estudiara medicina.
Margaret y su madre viajaron por barco a Escocia, donde su familia era desconocida, y se establecieron como tía y sobrino. Así se inscribió en 1809 en la Universidad de Edimburgo, de donde salió en 1809.
¿Qué pasó cuando se graduó? El general Miranda no pudo cumplir su promesa: traicionado, yacía en una cárcel española, así que el joven doctor Barry acabó enrolándose en el ejército británico, donde recorrería todos los confines del imperio.
La prueba más concluyente que halló Du Preez fue una carta firmada por James Barry, enviada al notario y fechada en 1809, recién llegada a Edimburgo. En la parte externa de la misiva, el notario anotó “Señorita Bulkley, 14 de diciembre”.
“Reardon era un hombre minucioso”, apuntó Du Preez. “En el exterior de todas las cartas que recibía anotaba la fecha y el nombre del remitente. No se puede ser más concluyente que eso”.