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Ralph Waldo Emerson escribió que “la multitud es el hombre descendiendo voluntariamente hasta la naturaleza de la bestia”. El escritor tenía razón al menos en la parte animal, aunque tal vez no respecto al carácter voluntario del hecho.
Científicos británicos creen haber encontrado un curioso patrón de conducta que opera en multitudes de 200 personas o más: los humanos actúan de modo gregario, como ovejas, siguiendo de manera inconsciente a unos cuantos líderes.
El estudio, publicado en Animal Behaviour, revela que parece bastar el cinco por ciento para influir sobre la dirección que sigue una multitud: 95 por ciento de la masa sigue –sin darse cuenta– a unos cuantos.
Según el autor principal del estudio, el profesor Jens Krause, el hallazgo podría tener implicaciones importantes en materia de manejo de multitudes, y podría ser valioso para controlar escenarios de desastre en condiciones donde la comunicación verbal se dificulte.
“Hay muchas situaciones en las que podría usarse con buenos efectos esta información”, dijo Krause, de la Facultad de Ciencias Biológicas en la Universidad de Leeds. “En un extremo, podría usarse para informar estrategias de planificación de emergencias, y en el otro, podría ser útil para organizar el flujo de transeúntes en áreas ocupadas”.
Krause y su estudiante John Dyer experimentaron con voluntarios a los que pidieron caminar al azar dentro de un gran salón, sin hablar unos con otros y con la condición de que debían mantenerse a un brazo de distancia de otras personas.
En cada grupo, varios recibieron información más detallada acerca de hacia dónde debían caminar. Los denominados “sujetos informados” tampoco podían hablar.
Literalmente en todos los casos, estos individuos con un destino cierto fueron seguidos por otros en la multitud, formando una estructura tipo serpiente.
Krause dijo que es común ser arrastrado por una multitud, pero lo interesante del estudio “es que nuestros participantes terminaron adoptando una decisión de consenso a pesar del hecho de que no se les permitió hablar o hacerse gestos unos a otros. En la mayoría de los casos los participantes ni siquiera se dieron cuenta de que eran guiados por otros”.
El experimento se repitió usando grupos de tamaños diferentes y variando el número de sujetos informados. También se modificó la posición inicial de los informados. La conclusión: en grupos de 200 personas o más, basta una minoría del cinco por ciento para influir en el otro 95 por ciento.
El estudio evidencia “que hay fuertes paralelismos entre la conducta gregaria en animales y las multitudes humanas”, dijo Krause.
Este informe coincide con las inquietantes conclusiones de un estudio anterior realizado en la Universidad de Utrecht.
Aquel estudio, encabezado por el doctor Simon Reader, demostró que la mayoría tendemos a seguir al líder aunque éste no sepa adónde va; peor: aunque se nos muestre una ruta más rápida, nos apegamos a la ruta conocida, lo que podría tener implicaciones letales a la hora de evacuar un edificio o un barco.
Según las conclusiones, sería probable que en una emergencia la multitud se aferrara a seguir la ruta de evacuación conocida incluso en caso de saber que existe una vía alterna más rápida.
“Estos resultados tienen paralelos en hallazgos similares para hormigas y peces, y muestran que detrás de la conducta humana puede haber procesos muy simples”, comentó Reader en Biology Letters.
Los científicos pidieron a 72 voluntarios llenar un cuestionario en una habitación; luego fueron conducidos a otra donde debían completar un experimento.
“Los condujimos por una de dos rutas hasta el cuarto (mientras hablábamos de otros cosas), y luego les pedimos que volvieran al cuarto de inicio”, dijo Reader. “Todos excepto una persona tomaron la misma ruta por la que habían llegado. Lo que nos sorprendió fue lo intenso de este efecto, incluso cuando la ruta alterna era mucho más corta”, dijo.