Para el próximo año el presupuesto a ciencia tendrá un incremento del 16.2 por ciento, con lo cual se llegará al 0.36 por ciento del Producto Interno Bruto, cifra muy inferior a países como Argentina ( 0.49%), Brasil (0.91%), Chile (0.68%), Costa Rica (1%) o Panamá (0.90), entre otros.
Si bien es un primer paso para intentar superar el rezago del 25 por ciento que ha sufrido el sector desde el año 2000, todavía estamos muy lejos de lo medianamente aceptable en países de similar desarrollo al nuestro y de lo establecido en la ley mexicana.
De los 39 mil 82 millones de pesos para el 2008, sólo se podrá tener certeza del verdadero destino a ciencia, la parte que le corresponde al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), que será de 11 mil 876 millones de pesos (31% del total).
El 69% restante se destinara a varias secretarías de Estado que lo ejercen en múltiples actividades, no necesariamente vinculadas con la investigación, la innovación y el desarrollo. Como dato curioso, en la Ley de Egresos de la Federación 2008 no se desglosa hacia dónde se van todos estos recursos, sólo se indican los 39 mil millones al “Programa Especial de Ciencia y Tecnología”.
Aquí una muestra: de acuerdo con información proporcionada por la Cuenta Pública de Hacienda, la Secretaría de Energía ejerció en 2006 un monto de 4 mil 920 millones de pesos en el rubro de ciencia y tecnología, mientras que el Instituto Federal de Acceso a la Información Pública, señala que este monto fue de 5 mil 578 millones de pesos, es decir, una variación de 657 millones de pesos.
Hay casos en los que esta diferencia es superior al 30% y otros en los que prácticamente el presupuesto total de las dependencias se consideran con inversión en ciencia, como el caso del Colegio de Postgraduados o el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados.
Evidentemente esto es incorrecto, se trata de números inflados que lo único que demuestran es que el presupuesto en este rubro es aún menor y que en muchos casos se utiliza como “caja chica” de diversas dependencias gubernamentales como la Secretaría de Educación, la de Salud, SAGARPA, SEMARNAT y Economía.
Hasta que los diputados no se metan a fondo a analizar este problema administrativo, la inversión en este sector seguirá siendo un espejismo y no se sabrá hasta qué punto los 39 mil millones que se otorgaron a ciencia en el 2008 realmente se orientarán a actividades de investigación, desarrollo e innovación