Siempre polémico , Craig Venter, entrepreneur, científico, provocador o pirata genético, según a quien se pregunte, nos acaba de regalar un nuevo capítulo en la sorprendente e insondable epopeya del ADN.
Fue Venter quien, a la cabeza de una pequeña compañía, le dio una zarandeada al establishment científico de Estados Unidos en el año 2000, al terminar al mismo tiempo el vasto proyecto de secuenciar todo el genoma humano.
A partir de aquella carrera nació un axioma perturbador: que todos los humanos compartimos 99.9 por ciento de nuestro material genético. En otras palabras, una décima del uno por ciento respondería por todas nuestras diferencias. Se antoja muy poca diferencia en el genoma para tan gran diferencia en lo que somos.
El aventurero no se quedó quieto después del 2000 y le siguió metiendo energías y dinero al proyecto de llegar más allá del esquema inicial, que se basó en material genético de varias personas. Lo que publicó esta semana en PLoS Biology es un autohomenaje a la persistencia: la secuencia de su propio genoma.
El nuevo resultado, que comprende las dos cadenas de la escalera en espiral del ADN de Venter, llegó con sorpresas importantes.
Una de las simples ya estaba siendo derribada a fuerza de resultados. Era la noción de que más allá de la parte del material genético que codifica genes, hay muchísimas repeticiones y muchísimo material que no codifica y no tiene función: el ADN chatarra.
En los últimos años ha ido quedando en claro que esa chatarra sí tenía funciones, pero no las habíamos podido ver. Nuestro ADN es una maravilla de sencillez (un alfabeto de cuatro letras) y a la vez de complejidad (muchos segmentos de código tienen varias funciones al mismo tiempo, y las ejecutan dependiendo de muchas variables del entorno).
El nuevo reporte ratifica que el cuadro final es muchísimo más complicado de lo que pensábamos; la danza de los genes tiene entresijos y complejidades llenas de barroquismo y sofisticación bizantina.
Un dato simple indica que el genoma de Venter difiere en 4.1 millones de sitios de un genoma de referencia o genérico. En un genoma individual, dice el reporte, hasta 44 por ciento de los genes son variables en su secuencia.
La auténtica maravilla es que a pesar de tanta variación, el genoma sea tan estable. Tanto para que a pesar de todas esas diferencias, nos parezcamos tanto. Guau.