Justo lo que hacía falta. Medio mundo está empezando a comprender que el régimen de vida (sobre todo los abusos a la hora de abrir la boca, y no precisamente para hablar) es la causa principal de las llantas, papadas, barrigas y demás excesos grasosos, y nos cae una novedad: una conexión entre un gen y la propensión a estar excedido de kilos.
Se antoja como la excusa perfecta. ¿Vida desordenada? ¿Apetito incontrolable?¡Qué va! Lo que ocurre es que, ¿saben?, tengo dos copias del gen FTO. En otras palabras, comparado con la población en general, tengo 70 por ciento más probabilidad de tener sobrepeso u obesidad.
Tal es el reporte de Science este viernes. La nota se presta para toda clase de manejos interesantes, pero sobre todo para explicar que propensión no significa condena (sobre todo porque todavía no tienen la menor idea de qué cuernos hace el gen FTO).
La nota está por todas partes. Se trata de un estudio patrocinado por la fundación Wellcome, así que es bastante fácil encontrar material para escribir una buena historia. Por supuesto, hay que tener cuidado también con las afirmaciones tajantes y con comentarios deprecatorios. Tener sobrepeso u obesidad, como dice por ahí una campaña inglesa, no es cosa de broma.