A estas alturas del partido, a George Bush Jr. no le ha de causar mucha gracia el tema de la guerra en Irak, en la que no ha tenido el éxito deseado/esperado/anhelado. Pero cual un Vicente Fox allende el Bravo, se las ha arreglado para emprender otra guerra en la que, gracias al auxilio de una ultraderecha fundamentalista y anacrónica, atrajo a la ciencia al campo de la política. Gracias a ello, por ejemplo hace poco Estados Unidos reculó y aceptó que el calentamiento global es un serio problema y que es mejor acometerlo juntos que cada quien por su lado.
Las posiciones conservadoras de Bush y sus aliados se han traducido en golpes de lo más absurdos (por no decirles de otro modo más feo) contra la ciencia. Ah, el diseño inteligente, que como Ciudad Valle Hermoso, ni es diseño ni mucho menos inteligente. Felizmente, en esta guerra de Bush y sus aliados contra la ciencia, se metieron en camisa de once varas porque varios talentosos comentaristas, blogueros y activistas han tenido éxito poniendo de relieve los errores de las posturas oficiales.
Un cañonazo reciente en esta guerra apareció nada menos que en las páginas de Foreign Policy [1]. Acabo de ver que uno de los artículos apareció ya en la versión electrónica en español. Se trata de "Bush contra la ciencia [2]", un agudo e inteligente artículo de Matthew Nesbitt, uno de los brillantes blogueros de ScienceBlogs [3]. Por cierto que Nesbitt es parte de la reciente discusión sobre el proceso de contextualización, algo a lo que llaman en inglés framing (volveremos al tema en otra ocasión, porque amerita atentas lecturas).
El artículo de Nesbitt no tiene pierde, es claro y contundente, además de ofrecer un magnífico resumen de muchos de los aspectos de las embestidas del conservadurismo contra la ciencia en Estados Unidos. Se trata de una lectura recomendada y que sin duda se convertirá en una buena referencia.