En los últimos días, la sociedad mexicana ha estado bombardeada por hechos que confirman el rotundo fracaso de los operativos contra la inseguridad del gobierno federal, tan aplaudidos anticipadamente; ha sido testigo de la cada vez más evidente maniobra de encubrimiento al ejército por el caso de Ernestina Ascencio Rosario, en Zongolica, Veracruz; se conoce con detalle el método gangsteril del gobierno foxista para destituir a un líder sindical, y la benevolencia del régimen fiscal para beneficiar a grandes empresarios.
Pura corrupción e ineficiencia que, lejos de ser desterradas, se han incrementado. Corrupción que abruma y ofende; puro mal gobierno, pues. Afortunadamente, dentro de esta vorágine informativa hay verdaderos respiros que estimulan las esperanzas de que no todo esta mal en este México tan hambriento de justicia.
Como en muchas ocasiones a lo largo de la historia mexicana, la UNAM ha salido a poner el dedo en la llaga sobre lo importante, a reflexionar sobre asuntos vitales que enriquecen el espíritu crítico y la inteligencia.
Durante la entrega de los doctorados Honoris causa la semana pasada a siete distinguidas personalidades, el rector Juan Ramón de la Fuente señaló lo que debería ser una de las principales preocupaciones del Estado mexicano: dejar los suburbios de la economía del conocimiento para convertir al país en una nación pujante y competitiva.
Propuso cuatro condiciones fundamentales, que vale la pena recordar: 1) Invertir más recursos públicos y privados en educación, investigación y desarrollo; 2) Construir una red de universidades de clase mundial; 3) Incrementar la proporción de la población económicamente activa, con estudios técnicos, de licenciatura, especialización y doctorado, y 4) Atraer estudiantes de otros países, es decir, importar conocimientos y no sólo exportarlos, evitar que los nuestros se vayan y no regresen, y tratar de repatriar a los que están fuera y puedan contribuir a los programas de innovación y desarrollo.
Si estos asuntos fueran la preocupación fundamental de los gobernantes mexicanos, en menos tiempo del que imaginamos la situación económica, social y política sería diametralmente diferente; así lo han demostrado países como Corea, España y China. Lamentablemente, la corrupción y la inseguridad impiden a los políticos mexicanos ver lo verdaderamente importante. Afortunadamente, a nuestras universidades no.