Mientras los capitalinos disfrutaban del cálido clima en las playas artificiales, un estudio basado en la proyección de 19 modelos climáticos realizado por investigadores estadounidenses e israelíes señaló que gran parte del norte de México y el suroeste de Estados Unidos sufrirán graves sequías durante el presente siglo, llegando a los niveles más áridos registrados desde 1930.
La semana pasada, la revista Science publicó un artículo que dio cuenta, una vez más, de los daños causados por el hombre en el clima mundial y afirmó que las recientes sequías prolongadas que se han vivido en el norte de nuestro país son sólo una prueba de los efectos del calentamiento global en los próximos años.
Los modelos utilizados por Richard Seager, de la Universidad de Columbia, y sus colegas, basados en la información del Cuarto Reporte de Evaluación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, subrayó que, a diferencia de las últimas sequías multi-anuales en el área, provocadas por variaciones en las temperaturas de la superficie del mar en el Océano Pacífico tropical, la nueva aridez es causada por la expansión de las zonas secas subtropicales hacia los polos.
Los científicos vaticinan que el clima cada vez más árido afectará la disponibilidad de agua para impulsar la economía industrial y agrícola de dichas zonas, ya de por sí áridas y desérticas, afectando sobre todo y, como siempre, a los más pobres.
Mientras el norte del país se vuelve cada vez más seco y el centro y el sur se tropicalizan, investigadores de la UNAM señalaron que las cumbres nevadas de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl corren el riesgo de desaparecer, pues sus glaciares se están derritiendo, al parecer, de forma irreversible.
Éstas son sólo dos pequeñas muestras del calentamiento global en nuestro territorio. Sería recomendable, ahora que se está elaborando el Programa Especial de Ciencia y Tecnología, que se establezca como una prioridad de seguridad nacional impulsar programas o megaproyectos que permitan conocer los efectos de este fenómeno en el medio ambiente, la economía, la salud y la seguridad de la sociedad mexicana, para luego establecer estrategias que nos permitan contender con este problema.
Se trata de un asunto tan trascendente que incluso los militares estadounidenses se están preocupando -como lo señaló ayer Irene Selser-; ya veremos si los políticos mexicanos hacen lo propio.