¿Ha escuchado que el cartílago crudo de tiburón puede curar el cáncer? ¿Ha escuchado el argumento de que a los tiburones no les da cáncer? ¿Se lo creyó? Cada vez es más popular la venta de extracto de cartílago de escualo para combatir el cáncer, pero esto es un triunfo de la publicidad y la pseudociencia sobre la razón, una batalla en la que los únicos ganadores son los vendedores de extracto. Pierden los tiburones, pierden los pacientes que confían en estos remedios, y pierde la sociedad que no tiene mecanismos para luchar contra estos absurdos.
Gary K. Ostrander, profesor de los departamentos de Biología y Medicina comparativa en la Universidad John Hopkins, desenmascaró los argumentos en su reporte “Cartílago de tiburón, cáncer y la creciente amenaza de la pseudociencia”, que se publicó en la edición de este miércoles de la revista Cancer Research.
“Desde que el cartílago de tiburón se ha promovido como cura contra el cáncer, no sólo ha habido una declinación medible en las poblaciones de tiburón, sino que se ha desviado a los pacientes de cáncer de tratamientos demostrados, eficaces”.
Ostrander dijo que la venta de extracto de tiburón se basa en el argumento de que los tiburones no padecen cáncer, lo cual es una absoluta falsedad. A los tiburones sí les da cáncer, y aunque no se tiene mucha documentación sobre el tema, entre los casos registrados hay dos tiburones que incluso tenían dos tipos de tumores.
El reporte de Ostrander documenta 42 ejemplos de tumores en tiburones a lo largo de décadas y los usa para desmantelar los “argumentos falaces” que han persuadido a pacientes con cáncer, desesperados, para que compren e ingieran extracto crudo de cartílago de tiburón. El reporte también quiere ser un llamado de atención a la sociedad para que se alfabetice en cuestiones científicas y sea menos crédula frente a falacias de este tamaño.
“La gente lee en Internet o escucha en televisión que ingiriendo extracto crudo de cartílago de tiburón puede curarse de cáncer, y lo cree sin exigir que se les muestre la ciencia detrás de los argumentos”, dijo el académico. En otros tiempos, esto pasaría como simple curiosidad cultural, pero en los tiempos actuales, el poder de los medios electrónicos ha convertido a estos merolicos en auténticas amenazas sociales y ecológicas.
De acuerdo con Ostrander, “la única manera de combatir esto es asegurarnos de que los jefes de gobierno y los profesionales de los medios reciban una capacitación científica adecuada basada en la razón, y que también desarrollen destrezas de pensamiento crítico”.
¿Dónde nació el mito de que el cartílago de tiburón tiene propiedades anti-cáncer? Ostrander rastreó la idea hasta 1992, fecha en que William Lane publicó un libro titulado A los tiburones no les da cáncer. La idea se incrustó en la mentalidad popular luego de que los argumentos fueran comentados en el programa 60 minutos el año siguiente. Otro libro de los mismos autores, A los tiburones aún no les da cáncer, reforzó el mito en 1996.
“Los títulos de los libros no coinciden con los textos, donde los autores anotan que a los tiburones sí les da cáncer, pero argumentan incorrectamente que a los tiburones rara vez les da cáncer”, declara el reporte de Ostrander.
Los libros de Lane se basan en lo que Ostrander llama “extensiones ilógicas” a experimentos tempranos en los que algunas de las sustancias halladas en el cartílago de tiburón mostraron inhibir la formación de tumores y la formación de vasos sanguíneos que nutren a los crecimientos tumorales.
En un toque de humor, el reporte menciona el caso de ciertas proteínas bacterianas que permiten a otras proteínas funcionar en ambientes de muy alta temperatura: “¿Significa esto que debemos esperar sobrevivir en agua hirviente después de comer extractos crudos de esas bacterias? Obviamente no”.
Aun suponiendo que los tiburones tuvieran baja susceptibilidad al cáncer, sería necesario aislar primero la causa. Luego, suponiendo que la causa fuera algún compuesto en su cartílago, sería necesario aislar ese compuesto, probarlo, buscar la manera de suministrarlo y entregarlo en la zona de los tumores.
Lane y los vendedores de extracto de tiburón fingen ignorar esto y plantean de manera burda que basta consumir extracto crudo para curar el cáncer. “Es notable que pese a más de una década de evaluaciones del cartílago de tiburón, ni un solo estudio controlado haya establecido eficacia alguna de los extractos de cartílago crudo contra el cáncer”.
En opinión de Ostrander, en la historia del cartílago de tiburón hay implicaciones todavía más serias que la declinación en las poblaciones de escualos o el tiempo perdido para pacientes con cáncer: “La venta exitosa de cartílago crudo de tiburón representa un fracaso de nuestra sociedad para manejar la seudociencia”, dice el académico.
“Sólo a través de una confianza en la razón será posible alcanzar el ideal baconiano de una ciencia al servicio del hombre sin dañar a la sociedad o, en el peor de los casos, sin destruir el ecosistema del que depende la vida”, concluye Ostrander.