Comparte Salazar ciencia con curiosos
Por Patricia López Suárez
La curiosidad es una sed que no se apaga, afirma Horacio Salazar Herrera (Monterrey, 1957) sobre esa sensación que lo impulsa a navegar entre el quehacer científico teniendo como buque al periodismo.
"La ciencia hace preguntas, y a veces más que las respuestas lo que importa es que las interrogantes sean pertinentes", añade el autor que abandonó, casi a término, sus estudios de ingeniería en electrónica para dedicarse a la divulgación científica desde 1982.
Ubicado en el sitio del observador no especializado y del lector ansioso por compartir con el científico su pasión al generar nuevo conocimiento, Salazar presenta El ombligo de Edipo. De cómo la curiosidad es la madre de la ciencia (Random House Mondadori), su primer libro que recorre, en diez ensayos y 378 páginas, anécdotas históricas donde se enfrentan dos visiones de la realidad: la de hombres extraordinarios de ciencia —Galileo, Copérnico y Darwin entre ellos— y la del pensamiento tradicional de su época.
"Para mí la ciencia es el engrudo que le da consistencia a la realidad. Cada cosa que se aprende en ciencia es una pieza del rompecabezas de la realidad y una forma de entenderla", asegura.
Tras participar en ese armado de múltiples partes —al entender, por ejemplo, cómo se forma una estrella—, Salazar confiesa una recurrente sensación de paz y de placentera certeza.
"Pero de inmediato surge una nueva inquietud. Ése es el mecanismo de la ciencia", afirma.
Revisados y actualizados tras 15 años de ser escritos dentro de un taller convocado por el Centro de Escritores de Nuevo León, los diez ensayos de El ombligo de Edipo... avanzan con una narración directa y cercana dejando de lado el lenguaje distante y técnico de muchos documentos científicos.
"Hay que quitarle el almidón y los tecnicismos a la ciencia. Aspiro a compartir con los lectores la pasión intensa que dura poco y requiere desenfado", añade.
El autor elige al ensayo como forma narrativa porque le permite hablar tú a tú con el lector.
"La manera de divulgar debe ser con entusiasmo, no se puede hacer divulgación sin corazón. Debe tener una voz persuasiva. El ensayo es una forma de introducir opiniones, de hacer una narración accesible y de hablar con una voz particular, no hay un testigo frío", asegura.
Esfinge al acecho
El título de la obra es una metáfora de Edipo y la Esfinge, que recoge tanto el mito griego como el ensayo que a partir de la leyenda escribió el británico Francis Bacon.
"La Esfinge era una criatura monstruosa, un híbrido de no muy bellos bigotes. Una descripción griega clásica dice que tenía rostro y pechos de mujer, cuerpo y garras de león y un par de hermosas alas", narra Salazar en el prólogo del texto.
La Esfinge planteaba acertijos misteriosos. Los enigmas eran tan difíciles que muchos no pudieron responder a ellos... hasta que llegó Edipo, quien respondió con certeza al acertijo que cuestionaba: ¿Cuál es el ser que tiene sucesivamente cuatro, dos y tres pies, siendo más débil entre mayor es el número de pies?
Edipo respondió que es el hombre, quien en sus primeros años gatea; en su juventud anda en dos pies y en la vejez se apoya en un bastón.
"Para mí la ciencia es la Esfinge", finaliza Salazar.
[Publicado en Reforma el 11 de agosto de 2006. Tomado del Conacyt.]
Periodismo Científico
21/04/2007



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