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Conocimiento y pobreza

La idea de que la generación y la aplicación del conocimiento pueden contribuir a resolver algunos problemas sociales y económicos de nuestro país es una idea que pocas veces cruza las mentes ocupadas de los científicos mexicanos. Por ello, sorprende la iniciativa del Foro Consultivo Científico y Tecnológico de dedicar el Octavo Seminario Regional de Innovación al desarrollo social.

Con una decisión atinada, escogió el lugar que más requiere del apoyo y del esfuerzo de las mentes más brillantes del país para resolver la lacerante pobreza y desigualdad que padece México: el estado de Chiapas.

La idea central fue analizar los conceptos de bienestar, desarrollo social, su medición, sus usos en las políticas públicas y, lo más interesante, la necesidad de orientar esas políticas públicas incluidas de forma especial las científicas, hacia el bienestar social.

Si bien se presentaron algunos programas asistenciales federales y locales orientados al apoyo de grupos vulnerables uno de los planteamientos más interesantes fue el de la investigadora de El Colegio de México Rosa María Rubalcava, quien sostiene que el conocimiento científico tienes efectos en la magnitud, evolución y las circunstancias que determinan la pobreza y la desigualdad.

Ejemplo de ello es que a mayor educación hay una disminución de la pobreza o los índices de salud que se incrementan con la investigación biomédica.

Sin lugar a dudas, en nuestro país aún hay un gran camino por delante para impulsar el verdadero vínculo entre quienes diseñan y operan las políticas públicas y quienes generan el conocimiento, ya sea con investigaciones básicas o aplicadas. Sin embargo, un muro de analfabetismo se interpone entre ambos: la mayoría de los políticos son analfabetas científicos y muchos científicos son analfabetas sociales.

Por ello, lo mejor es aprovechar la fortaleza institucional de las universidades, de los centros de investigación y de los institutos científicos. Es decir, se requiere el vínculo institucional y no sólo el individual, como ha predominado hasta ahora.

Entonces vale preguntarse ¿por qué no hay vínculo entre el conocimiento y el bienestar social? En términos generales, porque es la situación más cómoda para los propios investigadores. Porque para los empresarios es más fácil comprar tecnología de cuarta en el extranjero, y porque para los políticos el conocimiento no es redituable en votos (eso creen) ni prebendas. Todo indica que el conocimiento y la pobreza seguirán tan distantes como hasta ahora lo han estado.

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