Difundir la razón
El pensamiento racional y científico es una buena receta para alejarnos del ambiente político enviciado por la polarización, el encono y la descalificación que vive nuestro país y que inunda los medios de comunicación desde 2006.
Este pensamiento capacita a la sociedad para proteger sus conquistas democráticas, y da herramientas para contrarrestar la tentación de los poderosos por eliminar la libertad de expresar opiniones, ideas, argumentos, críticas y razones. Pero además, permite ejercer el escrutinio escéptico e informado de los acontecimientos con una actitud abierta a las nuevas ideas.
Aún así, muchas de las ideas aceptadas por las mayorías resultan ser erróneas o parcialmente erróneas, pero la ciencia es capaz de remplazarlas constantemente por otras mejores y más avanzadas. Eso ocurre de vez en cuando en la política (no sin grandes costos humanos y materiales) y nunca pasa en las religiones (por eso son dogmáticas).
Los bajos niveles educativos, el analfabetismo científico de políticos y sociedad, y los pocos espacios que dedican los medios a la difusión de este pensamiento son el caldo de cultivo ideal para el menoscabo de la democracia, para el resurgimiento del autoritarismo y el predominio del pensamiento único.
Por ello, la mancuerna que pueden formar ciencia-medios de comunicación tiene cada vez mayor impacto en las democracias. Sólo con conocimientos e información adecuados la ciudadanía dependerá cada vez menos de los políticos. Sólo así se puede construir una democracia moderna que permita la participación consciente, racional y reflexiva de la sociedad.
Brindan instrumentos para comprender los problemas y la forma adecuada para resolverlos. No se trata de imponer criterios sino combatir la desinformación, la ignorancia y la intolerancia que, lamentablemente, algunos grupos se obstinan en promover, incluidos muchos medios de comunicación.
La ciencia es cada vez más determinante en el desarrollo y el futuro de la humanidad, por ello, se deben dar más espacios al pensamiento científico y sus implicaciones, para divulgar sus logros, riesgos y aspectos éticos.
Comunicadores y científicos enfrentamos este gran reto: contribuimos a dividir aún más nuestra nación diseminando el odio y difundiendo irresponsablemente las ideas más abyectas, o ayudamos a construir una sociedad más justa, divulgando la razón y enseñando a pensar, con contenidos que exalten el progreso humano y la tolerancia.
Arturo Barba
21/04/2008





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