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El gen gandalla

Gandalla: que se aprovecha de cualquier situación para beneficiarse a expensas de otro.

Siempre que se habla de la influencia de los genes sobre el comportamiento humano hay que andarse con pies de plomo, pues es fácil llegar a excesos y amarillismos.

No obstante, un grupo de investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén, encabezado por Richard Ebstein, acaba de anunciar el descubrimiento del “gen de los dictadores” (revista Genes, Brain and Behaviour, abril 2008).

Partiendo de la razonable suposición de que el comportamiento altruista en humanos debe tener alguna base biológica (en la anatomía o fisiología cerebrales, y por tanto quizá en los genes), Ebstein se enfocó en buscar alguna correlación entre el comportamiento altruista o egoísta de 208 voluntarios y la versión de un gen específico que cada uno poseía. El gen escogido, el de un receptor de arginina y vasopresina (AVPR1a), ha sido relacionado con el comportamiento altruista y “prosocial” en algunas especies de mamíferos.

El método consistió en hacer jugar por internet a los voluntarios, en parejas, el llamado “juego del dictador”, en que uno de ellos (el “dictador”) recibía 50 shekels (alredor de 150 pesos) y podía decidir si los compartía o no con el otro jugador (el “receptor”), a quien no conocía. Resultó que 18 por ciento de los dictadores resultaron gandallas, pues descaradamente se quedaron con todo el dinero. Alrededor de una tercera parte compartieron la lana mitad y mitad, y sólo seis por ciento eran Madres Teresas que regalaron todo.

A continuación, los investigadores examinaron los genes AVPR1a de cada jugador, y encontraron una fuerte correlación: quienes tenían versiones cortas de este gen tenían más probabilidad de comportarse como gandallas en el juego que quienes tenían versiones largas.

Por supuesto, esto no quiere decir que ya se conozca el gen que hace que existan dictadores que se aprovechan de su pueblo sin importar su sufrimiento. En la revista Nature, el experto en juegos Nicholas Bardsley afirma que quizá lo que se está observando no es una correlación del gen con la gandallez de los voluntarios, sino con su interés por meterse de lleno en el juego.

En todo caso, habrá que esperar antes de sacar conclusiones y suponer que bastará un examen genético para descartar a los políticos con tendencias gandallas. Pero, ¡qué bonito sería!

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