Fracaso petroleo (II)

El petróleo es una fuente de energía líquida fácil de almacenar y transportar, pero difícil de encontrar y extraer. Para hacerlo, se requieren muchos conocimientos, así como innovaciones tecnológicas que desde el inicio del siglo XX se han multiplicado. A tal grado han crecido la ciencia y tecnología petroleras que sólo la industria farmacéutica y armamentista puede comparárseles por su dinamismo y ganancias.

A 70 años de la expropiación petrolera, la asociación tecnología-petróleo es indisoluble; eso lo supo muy bien Lázaro Cárdenas en esa epopeya histórica, por lo que el Instituto Politécnico Nacional tuvo un papel crucial para sostener esta industria. Toda empresa moderna y exitosa sabe que esta es la única forma de competir y crecer. Es una regla básica que sólo ahora ha redescubierto el gobierno en sus spots pero que no se refleja en sus planes para el sector energético.

Desde finales del sexenio de López Portillo se han limitado de forma constante y creciente los recursos para invertir en mayores desarrollos tecnológicos y científicos para incrementar el número de exploraciones y aumentar la eficiencia de la extracción de petróleo, sin olvidar que la tecnología es la esencia de la refinación.

¿La única forma de explorar los yacimientos del fondo del mar en el Golfo de México es con “asociaciones estratégicas” con empresas trasnacionales? Hace más de 20 años, la exploración profunda del mar era una tecnología poco común pero ahora se trata de una tecnología que domina al menos 20 empresas y a partir de la que centenas de compañías venden equipo y ofrecen servicios.

Petrobras se ha convertido en la punta de lanza en este tipo de exploraciones en ¡sólo 15 años! ¿Cómo lo hizo? Invirtiendo el uno por ciento de sus ganancias anuales en ciencia y tecnología, capacitando a sus ingenieros y desarrollando su propia  tecnología.  

Se trata de una tecnología que puede comprarse con uno o diversos proveedores. Pero para acercarse a esta tecnología Pemex requeriría enviar miles de ingenieros y tecnólogos a capacitarse en los cientos de universidades y empresas que hay en el mundo especializadas en este campo.  

Además, al igual que Brasil, México debe invertir en la adaptación y creación de tecnología propia como lo hizo Pemex durante varias décadas en tecnología de exploración subterránea. Todo esto sin necesidad de hipotecar el patrimonio de todos los mexicanos.

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