Dinosaurio coahuilense

Decía el martes el titular de una nota de AP: “Investigadores EEUU descubren dinosaurio en México”. Es raro que AP se equivoque así, pero en este caso lo hizo: el dinosaurio en cuestión, un hadrosaurio de hace 72 millones de años, fue hallado por la paleontóloga mexicana Martha Carolina Aguillón.

En otras fases del proyecto sí participaron investigadores no sólo de Estados Unidos, sino también de Canadá: expertos de varias instituciones, incluida la UNAM, estuvieron metidos entre las polvaredas y pedregales durante los años que les llevó sacar de las peñas de Rincón Colorado los restos del magnífico herbívoro del Cretáceo.

Velafrons coahuilensis. Detrás de este nombre hay una sabrosa historia que alguien tendrá que rescatar un día, para hacerle justicia a todos los que han participado en la laboriosa tarea de reconstruir una criatura fascinante.

Recordando la poética prosa de Ray Bradbury en “El sonido del trueno”, puedo imaginarme el paraje hace 72 millones de años. En aquel entonces, América del Norte era dos grandes trozos de tierra, Apalachia al oriente y Laramidia al poniente, separadas por un mar somero que se fue secando poco a poco.

En la época que nos interesa, la región era una costa húmeda en la que proliferaban muchas familias de reptiles. Con una poca de imaginación podemos ver al V. coahuilensis deambulando por aquellas playas, mordisqueando continuamente la vegetación, usando la tubería hueca de su cresta para emitir sonidos, reclamos amorosos que resonaban entre los vapores como una trompeta ansiosa.

Hoy no queda nada de aquellas cosas, salvo piedras y polvo. Pero desde hace muchos años, equipos de paleontólogos mexicanos han estado caracterizando los estratos de la región, reconstruyendo pacientemente la prehistoria de la zona.

Los científicos de Canadá y Estados Unidos que participaron en el hallazgo están entusiasmados: no había muchas evidencias fósiles de ese periodo crucial, unos millones de años antes de que los dinosaurios se extinguieran. Y en Coahuila todo indica que habrá fósiles importantes para trabajar no años, sino décadas.

Qué tesoro. Ojalá que este hallazgo impulse no sólo la formación de una industria alrededor del Museo del Desierto, sino toda una generación de paleontólogos cultivados al amparo de ese hadrosaurio hallado en Coahuila.

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