La moda del combustible biológico
Debido a que en los Estados Unidos los biocumbustibles se han convertido en una promisoria fuente alterna de energía en algunos círculos en México también ha pegado como una nueva moda.
Los biocombustibles, como el etanol y otros que provienen de diversas variedades de vegetales, han sido recomendados a nivel internacional como una vía para sustituir los combustibles fósiles altamente contaminantes y generadores de gases de efecto invernadero.
Sin embargo, para nuestro país esta “alternativa”, que no debería serlo, pues somos productores de petróleo, tiene consigo uno doble problema: en primer lugar no somos autosuficientes en la producción de muchos de los alimentos que podrían ser utilizados como biocombustibles.
En segundo lugar, la capacidad productiva, salvo dos o tres estados, es muy baja en la mayoría de las entidades.
Asimismo, habría que subrayar que no se trata de una panacea, pues si bien ayuda a disminuir la emisiones contaminantes implica ampliar tanto la superficie cultivable como el rendimiento de las cosechas, lo cual implica un enorme reto para el empobrecido campo mexicano.
Además, para ampliar el territorio cultivable en el país hay dos opciones: utilizar las modernas biotecnologías para aprovechar los terrenos áridos y semidesérticos, o talar más bosques y selvas para despejar praderas y llanos.
Lamentablemente, esta última opción es la más utilizada en México y no propiamente para cultivar biocombustibles, lo cual agudizaría este proceso de destrucción de biomasa, que a su vez liberaría mayores cantidades de gases de efecto invernadero a la atmósfera.
Existe una iniciativa de ley de biocombustibles que los legisladores mexicanos todavía mantienen congelada pero que tampoco ha sido analizada y discutida por expertos en todas las áreas involucradas.
Esta ley debería traer consigo una propuesta que obligue a invertir en el desarrollo tecnológico de dichas fuentes alternas de energía.
Lamentablemente, como en otras ocasiones, en México estamos haciendo una mala copia que simplemente sigue una moda, y que no analiza ni aprovecha la enorme biodiversidad mexicana de la cual se podrían obtener biocombustibles pero basados en diversas plantas exclusivas de nuestra nación.
Arturo Barba
05/02/2008





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