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Nueva revolución verde

Mientras que los otros dos socios del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) cuentan con las más modernas y sofisticadas tecnologías agrícolas, buena parte de los campesinos mexicanos se mantienen con métodos de siembra del siglo XIX.

Por ello, uno de los rasgos característicos del campo mexicano, además de su lacerante empobrecimiento, es su ruina tecnológica, de la que han sido  responsables los gobiernos mexicanos.

Han pasado los años desde que se firmó el TLCAN y nada se ha hecho para dotar al campo mexicano de los mejores técnicos y científicos en las diversas especialidades agropecuarias.

Se tuvo el tiempo suficiente para sentar las bases de una plan científico-agrícola ambicioso que rescatara del atraso a las comunidades rurales, y que hoy hubiera colocado al país en mejores condiciones no sólo para competir sino, sobre todo, para obtener la autosuficiencia alimentaria indispensable para el desarrollo de la nación.

Pero no, los políticos echaron por la borda una gran oportunidad para aprovechar, con ciencia y tecnología, el suelo y el clima mexicanos tan ricos y variados que (a pesar de ellos) sostienen una de las mayores biodiversidades agrícolas del planeta.

Hace poco más de 50 años, nuestro país fue cuna de uno de los logros agrícolas más importantes de la historia de la humanidad: La Revolución Verde, que consistió en obtener semillas genéticamente mejoradas que permitieron multiplicar la capacidad productiva del campo.

Además, con la implementación de modernos sistemas de riego, fertilizantes, pesticidas y herbicidas, los resultados fueron realmente espectaculares pues de 1950 a 1970 se pasó de un rendimiento de 750 kg por hectárea de trigo a más de 3 toneladas. Estos logros salieron de México y recorrieron el mundo con grandes resultados.

¿Por qué no se continuó en este camino? ¿Por qué no se emprende una nueva revolución verde? Los costos económicos para implementar un plan de este tipo es mucho menor al que hoy se paga por la ruina tecnológica del campo. De los costos humanos ni hablar, son inconmensurables.

México necesita una nueva revolución verde. Con la moderna biotecnología y otras tecnologías podríamos tener un campo moderno y productivo, conquistador de mercados, pero mientras los chinos buscan hasta patentar el nopal y otros productos de origen mexicano, aquí seguimos padeciendo la rapiña miope y depredadora de los políticos.

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