Declaración de principios

Resolución. La palabra suena tajante, firme, vigorosa. Una persona resuelta es una persona de fiar. Pero en los hechos, las resoluciones anuales tienden a quedar convertidas en listas de buenos propósitos hechas para aplacar la conciencia, un poco como el que se zampa un opíparo banquete regado con soda de dieta. Por eso resolví este año no fijarme resoluciones, sino más bien establecer algo que pudiera ser como una especie de declaración de principios.

Con mi cachucha de divulgador bien encasquetada, parto de la idea de que la ciencia, la tecnología y la innovación son un instrumento ideal no sólo para llegar a la prosperidad económica, sino sobre todo para llegar a la solvencia mental, a la independencia de criterio, a la verdadera adultez.

Parto también de la conciencia de que uno de los retos más gigantescos que enfrenta México es su apabullante rezago educativo (y de otros tipos, pero de la humedad hablamos luego).

Por último, considerando que nunca es tarde para aprender, mi tercer punto de partida es que todo mexicano saldrá ganando si sabe más sobre la ciencia, la tecnología y la innovación, tanto por el placer de saber en sí mismo como porque eso le abre mayores y más amplias oportunidades de acción.

A partir de los considerandos anteriores, comunico a mis estimados lectoras y lectores (sí, a todos ustedes) los siguientes principios:

1. Un país sin ciencia es un país sin futuro. Haré lo que esté a mi alcance por tratar de que México sea un país con más ciencia, con más científicos, con más y mejor tecnología, con gente innovadora que no le tenga miedo al cambio sino que, por el contrario, florezca y se robustezca en él.

2. Si un mexicano no sabe de ciencia, no es porque no le interese, sino porque no la conoce, y si no la conoce es porque no se la han presentado apropiadamente. Haré lo que pueda por presentar a la ciencia y sus productos y agentes de manera imparcial pero ilustrativa, interesante y atractiva, para restablecer en lo que pueda el respeto que se merece.

3. En vez de quejarme (con justeza) por las iniquidades del entorno político, económico o social, trataré de pensar en cómo sacarle la vuelta a los problemas de dicho entorno para divulgar mejor la ciencia, para llevarla a un público cada vez más amplio e informado.

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