Evolución en Año Nuevo

Navidad y Año Nuevo son ocasiones propicias para dos cosas (además de comer rico y en exceso): hacer las cosas para las que uno nunca tiene tiempo, y reflexionar sobre lo que normalmente sí hace.

En mi caso, los días de fin de año son buena ocasión para ponerme al día en lecturas atrasadas. Inevitablemente, eso me hace reflexionar sobre mi propia labor de escribir sobre ciencia.

La revista Scientific American de diciembre, por ejemplo, trae tres interesantes textos relacionados con la evolución. Uno habla de cómo una muestra de bacterias del género Salmonella, al ser cultivadas en condiciones de falta de gravedad a bordo del transbordador espacial, se volvieron más virulentas. Aunque no se trata de evolución propiamente dicha (“no son bacterias mutantes del espacio”, afirmó uno de los responsables del estudio), sino de la activación de ciertos genes debido a las condiciones de cultivo, el experimento muestra cómo el ambiente modula las características de un organismo.

Los otros dos ejemplos muestran claramente la evolución en acción. Uno es un experimento en que se cultivaron 152 cajas de Petri con gusanos Caenorhabditis elegans junto con la bacteria Pseudomonas aeruginosa, que normalmente los mata. Inesperadamente, en una de las cajas hubo gusanos que sobrevivieron sin problemas. Se encontró que habían sufrido mutaciones que los volvieron resistentes a la bacteria, aunque con un costo: se mueven más lento que los gusanos normales, pues no respiran muy bien. Las bacterias actuaron como un filtro que seleccionó la mutación adecuada para sobrevivir: selección natural en vivo y en directo.

Finalmente, el tercer texto comenta otros numerosos casos en que la evolución se manifiesta fuera del laboratorio de manera clara y en una escala no de siglos ni milenios, sino de años. Sapos centroamericanos introducidos en Australia que han reducido su tamaño y toxicidad y alargado sus piernas; peces que han disminuido su talla debido a que los pescadores prefieren los ejemplares grandes…

En resumen, y a pesar de la incredulidad de quienes, como los creacionistas norteamericanos, niegan la evolución darwiniana, ésta es una realidad que se manifiesta en todo el mundo natural. Y es importante informar al público de éste y otros hechos científicos.

Es bueno confirmar, leyendo textos así, que la labor a la que uno se dedica vale la pena.

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