Poder ciego y opulencia
En una columna publicada en Mexidata.info, Patrick Corcoran evalúa la lista de mexicanos opulentos o influyentes que publicó la revista Poder, y llega a una conclusión triste resumida en el título de su artículo: “Los ricos y poderosos de México están dejando atrás la ciencia”.
No es ningún secreto que en nuestro país mucho del poder está concentrado en la esfera política. Corcoran dice que tras el foxiato, un sexenio de disolución de las instituciones y de desorden creciente, el primer año de Felipe Calderón ha sido una consolidación en torno a la figura presidencial.
Más interesante es lo que dice acerca de la clase empresarial de México, encabezada por figuras como las de Carlos Slim y Emilio Azcárraga. Ambos, “y una buena porción de las otras 20 figuras en la sección de negocios, son producto de empresas protegidas”, empresarios competentes cuyas fortunas nacieron al amparo del poder político. “Como demuestra la lista –apunta Corcoran– la clase empresarial de México se parece más a John Rockefeller que a Steve Jobs”.
Le sorprende la ausencia de figuras relacionadas con la ciencia. Dice que una de las maldiciones de México y Latinoamérica es que sus universidades producen muchos científicos sociales y escasísimos científicos físicos. Esto contrasta, agrega, con la lista de estadunidenses influyentes de la revista Time, que incluso traía una sección con 19 científicos y pensadores.
Para que México pueda ubicarse entre las economías de primera línea, “es esencial un poco más de fuerza intelectual científica entre los líderes del país”.
Corcoran dice que para hacer realidad el pronóstico de Goldman Sachs, de que en 2050 la mexicana será la quinta economía del mundo, hará falta una economía más diversificada, “lo que a su vez requerirá de una base científica más sólida”.
Comparto plenamente la perspectiva de este columnista. Aún más: el poder económico en manos de empresarios competentes pero ciegos a la innovación, a la ciencia y la tecnología, me parece un poco como la riqueza que adquirió España tras la Conquista hace medio milenio: un recurso que por su cultura fue incapaz de administrar; un tesoro que hizo quebrar al imperio español, cegado por una religiosidad retrógrada e incapaz de ver más allá de la culpa.
Nuestros empresarios ricos son como esa España que vivió el Renacimiento sin asumirlo. Su riqueza es tan grande como obsoleta.
Horacio Salazar
20/12/2007





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