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El fantasma de la prohibición

Poco antes de salir de vacaciones los senadores aprobaron una modificación a la Ley General de Salud en la fracción 28 del artículo tercero, que da pie a la prohibición las investigaciones con células madre.

Desde hace más de cuatro años, los círculos más conservadores del gobierno federal han buscado afanosamente impulsar la prohibición expresa de los trabajos científicos con estas células y tejidos, primero con la iniciativa del ahora secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos, cuando era diputado federal por la LIX Legislatura y encabezaba la Comisión de Salud.

También, aunque parezca paradójico, la diputada panalista Silvia Luna, presidenta de la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados, presentó una iniciativa que en lugar de impulsar las investigaciones en un campo tan prometedor como lo es el de las células madre o troncales de origen embrionario, prefiere prohibir que fomentar el conocimiento.

Ahora, desde el Senado finalmente se pretende limitar el avance en el conocimiento en nuestro país, como lo denunció hace unos días el senador perredista Pablo Gómez, en una modificación que limita el manejo de tejidos y órganos cadavéricos, se “coló” con malicia la palabra células. Supuestamente se busca un mayor control sanitario “de órganos, tejidos y sus componentes y células”.

Si bien es cierto que en las investigaciones con células madre y provenientes de cadáveres existen implicaciones éticas, no es la proscripción la mejor manera de enfrentar estos complejos temas.

A nivel mundial, este tipo de legislaciones restrictivas están cediendo su lugar a otras más permisivas con la vigilancia adecuada de comités de bioética, y aunque en México hay pocos grupos que realizan investigaciones con este tipo de tejidos el impacto negativo de esta nueva modificación a la ley se verá en el mediano y largo plazos.

En un futuro, llegarán los desarrollos basados en estas investigaciones realizadas en países avanzados a un costo altísimo, haciendo al país aún más dependiente tecnológicamente. Nuevamente la cerrazón ideológica se impone al desarrollo del conocimiento.

Hace cuatro años, Bernat Soria, actual ministro de Salud español, tuvo que salir de su país a realizar sus investigaciones con células de este tipo en Singapur, porque sufrió la limitación ideológica impuesta por el gobierno conservador encabezado por Aznar. ¿En México, será necesario esperar a que pase el gobierno panista para subirnos al nuevo tren científico de las investigaciones con células madre de origen embrionario?

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