Premios y mentiras
Reconocer el trabajo de otros también es una forma de reconocerse a sí mismo, pero en muchas ocasiones los premios no son reflejo fiel del esfuerzo ni del trabajo realizado en favor de alguna causa o por aportar algo único y útil a la humanidad, como ha ocurrido en esta ocasión con el llamado “próximo presidente de Estados Unidos”, Al Gore.
El Premio Nobel de la Paz que recibió por parte de la Fundación que lleva el nombre del inventor e industrial sueco Alfred Nobel es más bien una recompensa política con múltiples mensajes y objetivos, pues en pocas ocasiones se ha entregado este galardón en tan corto tiempo, vía fast track y sin fundamento como ahora.
Es difícil saber si Gore lo recibe por sus trabajos de difusión y concientización en torno al cambio climático o por la producción de su documental Una verdad incómoda, que también recibió el Oscar.
A muchos se les olvida que el gobierno estadunidense encabezado por Bill Clinton y Al Gore se negó constantemente a firmar los acuerdos de Kyoto que establece límites a las emisiones contaminantes. Todavía la nación más contaminante del planeta es renuente a la firma de dichos acuerdos.
En cambio, el premio también se le otorgó al equipo multinacional de científicos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático –entre los que se encuentra una docena de mexicanos– creado por las Naciones Unidas en 1988.
Pero hay una clara diferencia: mientras el Panel ha realizado estudios y proyectos científicos que arrojan datos precisos sobre el calentamiento global, Gore cobra centenas de miles de dólares por dar conferencias de divulgación ambiental por todo el mundo. Recibió una gran recompensa inmerecida. Sin duda hay cientos de científicos, ambientalistas, y ecologistas que han mucho más en favor del ambiente del planeta.
Este galardón, como otros, es sólo una práctica añeja de premiar a quien conviene premiar o de rendir homenaje a los que siempre son homenajeados. Aquí ocurre lo mismo, científicos que reciben premios sin haber hecho ninguna contribución importante a la generación o aplicación del conocimiento. Investigadores cuya única virtud fue estar en el lugar indicado con los apellidos adecuados.
Es parte de la cultura y la política del “culto a la personalidad” que convenga; es parte de los premios y las mentiras que giran en torno a cualquier actividad humana, incluida la ciencia.
Arturo Barba
16/10/2007





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