El valor de renunciar
Un lugar común en la literatura de superación es alguna variante del dictum: “Si a la primera no lo logras, sigue intentándolo”. La variante cinegética sostiene que “El que porfía mata venado”.
Existe una serie de listas semimíticas que enumeran los tropiezos de algunos empecinados prohombres, como la que 18 pretendidos fracasos de Abraham Lincoln antes de alzarse con la presidencia de Estados Unidos.
La tesis de que uno debe seguir intentándolo hasta lograr lo deseado tiene puntos a su favor, pero un reciente estudio publicado en la revista Psychological Science le da tremendo sopapo. Con el título “Tienes que saber cuándo retirarte: desconexión de las metas e inflamación sistémica en la adolescencia”, los psicólogos Gregory Miller y Carsten Wrosch examinaron a fondo las bondades de la persistencia, un poco tratando de indagar los límites entre perseverancia y necedad.
Primero los expertos crearon un dispositivo psicológico que les permitió distinguir entre dos tipos de personas: aquellos que, enfrentados a un objetivo difícil, se amachan hasta conseguirlo, y quienes ante los primeros obstáculos arrian las velas y toman las de Villadiego.
Una vez divididos los sujetos de su estudio (que eran adolescentes) en estos dos grupos, los psicólogos les dieron seguimiento durante un año.
El hallazgo fue claro: los rajones, los que no empujaron y empujaron hasta salirse con las suyas, tenían niveles mucho más bajos de la llamada proteína C-reactiva, o CRP, una prueba estándar para detectar los niveles de inflamación en el cuerpo.
Los procesos de inflamación son naturales; de hecho, representan la primera estrategia reactiva del cuerpo a la hora de ser invadido por bichos. La inflamación tiene el fin expreso de aislar al enemigo para aniquilarlo.
El problema de las inflamaciones es que también pueden afectar a tejidos sanos. De hecho, a últimas fechas la inflamación se ha relacionado con diabetes y cardiopatías, de modo que no es precisamente algo deseable.
Miller y Wrosch sugieren a la luz de lo anterior que frente a obstáculos muy necios, lo mejor es levar anclas. “Cuando la gente enfrenta situaciones en las que no pueden alcanzar una meta vital clave, la respuesta más adaptativa para la salud física y mental puede ser disasociarse de esta meta”. Así que calma, que no panda el cúnico.
Horacio Salazar
27/09/2007





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