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Un testimonio demoledor

Ya es un lugar común entre los hombres de ciencia de Estados Unidos que viven bajo un sistema político no sólo ignorante sino adverso al progreso de la ciencia. Sobran los chistes sobre George W. Bush y los lamentos por el retroceso que ha sufrido la ciencia bajo su administración. Y para que ya no queden dudas, el martes un importante exfuncionario declaró ante un subcomité del Congreso, y lo que dijo retrató nítidamente a una clase política que es capaz de todo con tal de salirse con la suya.

El protagonista del caso es el doctor Richard H. Carmona, que ocupó el puesto de “cirujano general” (el doctor más importante del gobierno) entre 2002 y 2006. Su historial académico y de servicio es impecable, de modo que su voz tiene no sólo la autoridad del que sabe sino también la del que hace y ha hecho.

Carmona declaró bajo juramento ante el Comité de Supervisión y Reformas del Gobierno de la Casa de Representantes, y no fue el único. También hablaron otros dos ex cirujanos generales, C. Everett Koop y David Satcher, que coincidieron en el mensaje general.

Algunos pasajes de su testimonio servirán como botones de muestra de que también más allá del Bravo se cuecen habas.

Carmona dijo que la administración le negó el derecho a hablar sobre temas como células madre, anticoncepción de emergencia, educación sexual y otros tópicos globales de salud.

Aduciendo razones políticas, funcionarios de varios niveles trataron de diluir el impacto de un reporte sobre humo de segunda mano, que al fin se publicó el año pasado y que concluye que incluso una exposición breve al humo de cigarrillos puede causar daños inmediatos.

En el reporte que publica The New York Times Carmona dijo que le ordenaron mencionar al presidente Bush tres veces por página en cada uno de sus discursos. Se le pidió asimismo hacer discursos para apoyar a candidatos republicanos, así como atender a sesiones políticas.

Durante el juicio a la industria del tabaco, Carmona testificó a pesar de que se le dijo que no lo hiciera. Una funcionaria del Departamento de Justicia dijo que su testimonio fue crucial; Carmona fue uno de los testigos más poderosos. No estaría nada mal que también en este caso sus palabras tuvieran implicaciones importantes. Al menos, que el público sepa con total certidumbre cómo se las gasta la administración Bush sobre un asunto tan fundamental como la ciencia.

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