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Entre Édgar y Carolina

Empezó a circular por internet, al estilo de cartas-cadena, la historia de la pequeña Carolina Aranda, que hará cosa de un mes pronunció un discurso en el World Trade Center, ante el Congreso Mexicano de Pediatría.

En su discurso, la niña critica el escaso apoyo que recibe la ciencia mexicana y la compara con el futbol. Lamenta que el mexicano promedio escuche de futbol todos los días, a toda hora, desde los entreniamientos hasta los chismes de Galilea Montijo y Cuauhtémoc Blanco, mientras que científicos tan connotados como Guillermo Haro son unos verdaderos desconocidos para los mexicanos.

“Pobre México nuestro”, culmina el discurso de Carolina: “tan cerca del futbol y tan lejos de la ciencia”.

Comparto parcialmente el mensaje de Carolina, pero creo que éste deja ver que al menos se asesoró con gente de la UNAM, y no de los conformes: “cada vez le damos menos recursos a la UNAM”, dijo, y no creo que le conste, porque los números dicen lo contrario: cada vez le damos más, y eso a pesar de que es una institución gigantesca que, como varias entidades obsoletas de la vida pública nacional, se opone a ser fiscalizada y a transparentar su operación. Y sino, pregúntenle al Ceneval.

El primer mensaje que vi propagando el caso de Carolina incluía también, para solaz y esparcimiento de quienes trabajamos en los medios, un regaño explícito: “Esto salió sólo en la TV en canal 11, y sólo se publicó en La Jornada”. Para el autor, esta es una auténtica vergüenza que evidencia la pobreza noticiosa de los medios de comunicación. En esto le hace eco al mensaje de Carolina, quien declaró que “los periódicos pocas veces tienen notas de ciencia y la radio y la televisión casi nunca”.

La verdad es que esto no es exacto: el texto íntegro del discurso de Carolina lo leí en otro periódico, y quien se tome la molestia de revisar las páginas de MILENIO Diario se dará cuenta de que literalmente todos los días publicamos, justamente en esta sección, notas de ciencia.

¿Se nos fue la nota de Carolina? Se nos fue, pero ése es otro cantar. Como sea, comparto la idea de que un mensaje como el de Carolina es un gran ejemplo de las cosas que estamos arruinando en nuestros niños.

Me deja un mejor sabor de boca que las impropiedades del célebre Édgar que hizo famosas YouTube. Un niño maldiciento que parece tener un vocabulario de cuatro palabras me da pena. Carolina me enorgullece. Felicidades.

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