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Intel inside

Estuve hace días en una gigantesca hacienda de un paraje próximo a San Juan del Río, en Querétaro, asistiendo a una cadena de conferencias y entrevistas de lo más interesante, con representantes de Microsoft, Dell, SAP y sobre todo Intel. La excusa lleva el sonoro nombre de Intel Editors’ Days y permite a unas decenas de periodistas de todo el país un atisbo a las novedades y próximos lanzamientos de esta compañía. En esta ocasión había doble excusa, porque Intel está celebrando sus 15 años de trabajar en México.

Más allá de las novedades técnicas, que son abundantes y pasmosas, y más allá de la sobrecarga informativa, que como siempre estimula a la neurona más cansada, lo que volvió a sorprenderme fue el modo en que los amigos de Intel traen la camiseta bien puesta.

Escuché en boca de una docena de personas varios mensajes unificados: la mira que traen puesta en cómo conseguir atraer al siguiente lote de mil millones de usuarios (ya que se supone que hoy día son mil millones los que tienen acceso a internet), el énfasis en la tecnología como apalancador del desarrollo económico, el acento en que no basta con llenar de computadoras los salones del país para que se dé el brinco a la modernidad, sino que se necesita modificar toda una cultura que empieza, sí, en los maestros.

Fueron un montón de voceros, pero todos traen el mensaje bien internalizado, bien marcado; casi casi como si lo trajeran en un chip. Unos más técnicos que otros, otros más enjundiosos que los de más allá, todos parecen seguir la célebre ley de Moore: empaquetan más capacidad de procesamiento cada 18 meses.

He platicado a lo largo de los años con gente de muchas compañías con muy variados niveles de sofisticación tecnológica. También he hablado lo mismo con gerentes de microempresas de cuatro ingenieros que con representantes de megacorporaciones para las que México es como un pequeño insecto.

Pero en cada ocasión que he hablado con gente de Intel me ha sorprendido agradablemente el entusiasmo que traen, la pila de litio o lo que sea que los mantiene como demonios de Tasmania un día sí y otro también. Como las computadoras que se venden en mil y un rincones del planeta, estos amigos y amigas traen, no me cabe la menor duda, Intel Inside.

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