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Comunico, luego existo

Si bien los medios tienen una gran responsabilidad sobre la forma y el contenido de la información que llega a gran parte de la sociedad, es indiscutible que los diversos actores sociales también tienen su responsabilidad al respecto, pues hoy día quien no aparece en los medios no existe. “Comunico luego existo”, pareciera ser la nueva norma macluhiana.

Así, los políticos, empresarios, deportistas y actores buscan afanosamente “salir en la prensa”, y para ello recurren a sus departamentos de comunicación social, oficinas de prensa o a empresas de relaciones públicas.

Hay dependencias e instituciones que tienen una larga tradición y enormes recursos para estas actividades, que en tiempos electorales elevan sus gastos en órdenes de miles de millones de pesos.

Estas oficinas son fundamentales en la información pública y construyen esa maraña de relaciones entre el poder y la prensa. Sus resultados son notorios y se reflejan en la imagen pública de la dependencia o el funcionario en turno. Se trata de una práctica añeja y vigente hoy más que nunca, pues a través de ellas se definen agendas informativas, golpes mediáticos, filtraciones, exclusivas y censuras.

Lamentablemente, entre los científicos y la mayoría de las instituciones que hacen ciencia en México esta práctica no existe. No hay esa interacción estratégica con los medios y, por lo tanto, los científicos no son “fuente” para los periodistas.

Se pueden contar con los dedos de una mano a las instituciones científicas que cuentan con una oficina de comunicación, difusión, divulgación o prensa, pues la mayoría no están conscientes de la importancia de comunicar sus logros y sus investigaciones exitosas al público.

Lo peor es que entre estas oficinas de algunas universidades, que son las principales generadoras del conocimiento en el país, predomina la vieja idea de sólo promover la imagen del rector en turno y se olvidan de la ciencia que generan.

Por ello, es fundamental contar con áreas especializadas que informen a la sociedad sobre los resultados de las investigaciones que hacen nuestras instituciones y científicos con los recursos públicos que reciben.

Se trata de comunicación estratégica de la que pueden surgir contenidos informativos exitosos e interesantes, distintos a la violencia, la grilla, la frivolidad y los fracasos deportivos, que dominan a muchos medios.

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