Paso pequeño, salto gigantesco
Es famosa la frase de Neil Armstrong al dar el brinco que le colocó sobre la superficie de la Luna. Algo así como: “Este es un pequeño paso para el hombre, un salto gigantesco para la humanidad”. Es pegajosa y comunica la idea de que con el alunizaje de pronto la humanidad tuvo acceso a un universo distinto. Lo cierto es que ese paso pequeño (o salto gigantesco) se había dado mucho antes, y no sobre la superficie de Selene, sino en algún polvoriento rincón del África.
Fue ahí donde, hará cosa de 60 mil años, en una población de humanos anatómicamente correctos se dio una mutación genética que produjo un cambio diminuto en la estructura de la laringe. Ese cambio bastó para permitir a esa población, al paso de los siglos, desarrollar un lenguaje sobre el que se montó la capacidad de innovar.
Los resultados fueron lentos pero implacables. En un lapso geológicamente breve, esa población barrió con toda la competencia, se extendió por todo el planeta, formó culturas y civilizaciones, y aquí estamos. Homo sapiens en todo nuestro esplendor (y nuestra miseria).
El trazo anterior, que en dos patadas plumazo describe lo que sin duda fue un proceso complejo, lleno de callejones sin salida y de retrocesos más falsos avances, no es un saber perfectamente consolidado. Vale decir, no es una ortodoxia en la que coincidan todos los expertos; pero es un escenario razonable, sustentado con explicaciones en un libro que estoy devorando gracias a la amabilidad de los amigos de Random House Mondadori.
Hace días me enviaron El tercer chimpancé, libro escrito por Jared Diamond (el amigo de la fotografía) y que tardó 15 años en ser traducido al español, pero que sin duda se hizo obligatorio a la luz del éxito de sus otras dos obras: Armas, gérmenes y acero (que le valió el Premio Pulitzer) y Colapso.
El libro tiene como subtítulo Origen y futuro del animal humano, y apenas he leído la primera parte, en la que Diamond describe el origen del hombre moderno como nacido de un “gran salto adelante”: la versión antropológica del brinco lunar de Neil Armstrong.
La hipótesis aquí descrita sin duda ha sido mejorada, discutida, reelaborada y criticada en los 15 años transcurridos desde la aparición del libro. Pero mientras lo leo me ofrece un excelente ejemplo de cómo se pueden combinar las evidencias y la razón para producir ideas valiosas e interesantes. Hay que leer este libro.
Horacio Salazar
07/06/2007





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