Con la Iglesia hemos topado
El domingo próximo los sacerdotes mexicanos tal vez vistan de morado. Para los que saben leer esas cosas, litúrgicamente vivimos todavía tiempos pascuales, de modo que los clérigos tendrían que usar el color blanco. El morado es símbolo de luto, de duelo, de penitencia, y la Arquidiócesis de México usaría el morado para manifestar su repulsa a la reciente despenalización del aborto en el Distrito Federal.
Aplaudiría tan discreta protesta de no ser porque ha sido precedida por un diluvio de epítetos, calificativos, denuestos y parrafadas que en el fondo significa una sola cosa: como no crees lo mismo que yo pienso, eres un impío, un pecador, un miserable que no merece ser parte de nuestro club, un asesino y un largo rosario de adjetivos.
¿Será que los hombres de iglesia en verdad no entienden dónde está el límite entre su dominio y el de la sociedad civil? No lo creo. Me parece que lo conocen bien, pero que tienen urgencia de legitimidad y aprovechan esto para presentarse como personas alineadas con la ortodoxia de Joseph Ratzinger.
Como ejemplo del rosario de juicios enhebrado día tras día por estos mexicanos de sotana, sale un fragmento de la pluma de Felipe Arizmendi, arzobispo de San Cristóbal de las Casas. Dice así: “Y en este crimen (el aborto) tienen culpa tanto la mujer como el hombre, y a veces más éste, porque presiona y obliga a abortar; además de adúltero o fornicario, es un asesino. ¿Y así todavía le tienen confianza para casarse con él?”
Yo le tengo respeto a la Iglesia como institución porque sé que es difícil la carga de consolación para tantas muchedumbres ansiosas de sentir que hay un más allá. Tengo también respeto por algunos sacerdotes porque al hablar con ellos capto sinceridad, capto comprensión y un auténtico deseo de crear a su alrededor un ambiente de paz y amor. Pero no le tengo el menor respeto a quienes enarbolando la sotana o la Biblia sueltan rayos olímpicos contra todo aquel que ose apartarse de sus lineamientos.
Yo no soy persona religiosa , pero eso no me convierte en un inmoral. Es más inmoral utilizar el nombre de Dios en vano para fulminar aunque sea con el verbo a todos los que no sean robots fieles al dogma. Y si quieren mi respeto, tienen que ganárselo. No es un criminal quien tiene que abortar para no traer al mundo más miseria. En todo caso, más criminal es el que se levanta la sotana para abusar de un inocente niño y destruir su vida. Y también el que lo protege.
Horacio Salazar
26/04/2007





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