Cien días de simulación
El sábado pasado se cumplieron 100 días del gobierno de Felipe Calderón; si bien se trata de un periodo corto, es suficiente para plasmar algunas de las que serán las prioridades del sexenio.
El mensaje es claro: la apariencia o, como se dice ahora, los golpes mediáticos, serán el estilo del gobierno.
Se aparenta combatir al narco con operativos muy publicitados, pero con un saldo blanco en las filas de los capos y de los "infiltrados" en las esferas gubernamentales, como en las aduanas y en las policías. El crimen organizado, incluido el de cuello blanco, sigue incólume.
La normalidad democrática se simula. Luego de las elecciones del 2 de julio, llenas de irregularidades (tal como se le llama ahora al fraude), Calderón fue a Europa a presumir que vivimos en flamante democracia cuando él surgió de las elecciones con menos credibilidad desde 1988. En la democracia se gana con un voto, pero también se defrauda con un voto.
El populismo sigue siendo la única idea política que se le ocurre al gobierno para enfrentar los graves problemas sociales y económicos. Ahora hasta se creó un programa que lo único que hace es aparentar la lucha contra la pobreza, a través de una "ayuda" para que los más necesitados paguen sus recibos de luz, esos necesitados que hoy sólo pueden adquirir la mitad de tortillas y otros alimentos básicos de lo que hacían hace tan sólo seis meses.
En estos 100 días Calderón ha preferido reunirse y tomarse fotos con los soldados, pero no con los científicos. Es decir, al gobierno la ciencia ni siquiera le sirve para simular. El presupuesto del sector continúa sumido en el 0.35 por ciento del Producto Interno Bruto, muy por debajo de países como Brasil o Costa Rica.
La ciencia puede contribuir a resolver el problema del maíz y la alimentación, brindar herramientas para combatir el crimen y la pobreza, y es fundamental para generar riqueza. Pero para lograrlo se necesitan acciones de gobierno inteligentes, basadas en el conocimiento y no en simples golpes mediáticos.
Por ejemplo, ahora que Bush está en México, podrían impulsarse programas bilaterales para aprovechar el potencial y la experiencia tecno-científica de Estados Unidos; políticas que permitan regresar los cerebros fugados por los que tanto clama Bill Gates, e impulsar áreas de investigación vitales. La educación, la ciencia y la tecnología ofrecen alternativas reales para solucionar (no sólo en apariencia) los grandes problemas de nuestra sociedad.
Arturo Barba
12/03/2007





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