Ley contra el progreso
Una nueva iniciativa de ley para prohibir la investigación con células madre de origen embrionario, que tienen un enorme potencial médico, fue propuesta nada menos que por la presidenta de la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados, Silvia Luna, del PANAL.
Es increíble que la diputada cuya obligación es proponer leyes y acciones para impulsar el desarrollo de la ciencia mexicana haga lo contrario y plantee lo que representa un claro atentado al desarrollo nacional.
También afecta un derecho fundamental, pues en el artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, suscrita por México, se establece que "toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar del progreso científico y en los beneficios que de él resulten".
Sin mediar consulta alguna en la sociedad ni en la comunidad científica, tal como debería regirse el trabajo legislativo, la diputada decide impulsar una ley que daña la libertad de generar conocimientos y de disfrutar de ellos, y pretende sumir al país en el oscurantismo y la ignorancia.
Como si fuera burla, señala en su iniciativa de adicionar artículos a la Ley General de Salud, que es para "fomentar la investigación y desarrollo de las células estaminales", pero en el 103 Bis 6 establece: "queda terminantemente prohibida la creación de embriones con un fin distinto a la procreación", es decir, los científicos no pueden desarrollar embriones en sus laboratorios para obtener células troncales para la investigación biomédica.
La cuestión es que la legisladora no presenta ningún argumento que sostenga tal limitación. Ni siquiera se cobijó en la ideología mágico-religiosa a la cual recurren sectores de derecha y ultraderecha.
De prosperar su iniciativa se impondrá un grillete de enormes costos para la ciencia de la nación y aumentará la brecha que existe entre México y los países desarrollados, pues en el mediano plazo importaremos a costos muy altos las innovaciones médicas que surgirán de las investigaciones con células madre embrionarias.
Afortunadamente, la ciencia no obedece principios de autoridad, mitos o prohibiciones. A pesar de los obstáculos férreos que hoy presenta Silvia Luna y que a lo largo de la historia han presentado personas como Roberto Bellarmine (quien quemó vivo a Giordano Bruno y enjuició a Galileo Galilei), o Tomás de Torquemada, la verdad y el conocimiento siempre se imponen.
Arturo Barba
06/03/2007





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