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Una década de Dolly

Hace exactamente 10 años, un 27 de febrero, una pequeña borreguita conmocionó al mundo: Dolly. El primer mamífero clonado a partir de una célula de la ubre de una oveja adulta fue dado a conocer en la revista Nature, por el equipo de científicos del Instituto Roslin encabezado por Ian Wilmut y Keith Campbell.

La expectación por el anuncio creció gracias a que un periódico londinense adelantó la noticia y, en sólo dos semanas, el equipo de Wilmut atendió más de dos mil llamadas de periodistas de todo el mundo.

Con apenas seis meses, Dolly se convirtió en el animal más famoso de la historia. Por primera vez se transfirió el núcleo de una célula con el ADN de un adulto a un óvulo sin núcleo, que fue implantado en el útero de una madre sustituta para desarrollarse y reproducir un ser idéntico genéticamente al donador del núcleo celular.

Antes, este procedimiento era comparado con sacarle el cerebro a un organismo para introducirlo en otro; se veía como un experimento fantástico. Este acontecimiento convirtió a la clonación en el asunto científico más importante del último cuarto del siglo XX y principios del XXI, pero también en el más debatido, pues sus implicaciones rebasaron el mundo de la ciencia, llegando a la economía, la política, la ética y la moral.

Las imágenes apocalípticas y de ficción sobre clonación de humanos y seres abominables abundaron y todavía circulan; incluso, al propio Wilmut le llegaron peticiones para clonar personas fallecidas.

Dolly abrió grandes avenidas de la investigación en biología molecular y la genética: ¿Cómo puede reprogramarse una célula ya especializada en piel, músculo o cualquiera de los más de 200 diferentes tipos de células, para generar un nuevo ser completo? ¿Qué factores influyen en el desarrollo embrionario de los mamíferos? Son sólo algunos asuntos complejos que todavía no tienen respuesta.

Ahora se sabe que la clonación con fines reproductivos es ineficiente y costosa, pero el debate se ha centrado en los fines terapéuticos de la transferencia nuclear, que poco a poco mejorarán la medicina mundial, principalmente con las células troncales de origen embrionario.

Dolly inició la era de la clonación y su legado permanece e inspira a miles de jóvenes en el camino de la ciencia.

Ojalá su significado llegue hasta Silvia Luna, presidenta de la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados, quien presentó una iniciativa de ley que prohíbe la clonación terapéutica y la investigación con células madre de origen embrionario.

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