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Esos malvados españoles

esclavos

En su célebre y terrible novela 1984, George Orwell describe uno de los lemas del Partido: "El que controla el pasado controla el futuro; el que controla el presente controla el pasado". En esta misma edición de MILENIO Diario, la investigadora Elsa Malvido, en charla con Antimio Cruz, dijo que el Estado mexicano ha dañado a los historiadores aplicando la segunda parte del dictum orwelliano: al tener en sus manos el poder, lo usaron para construir un pasado a su gusto, una historia mítica de México que todos nos engullimos durante muchos años.

Poco a poco, el esfuerzo de los historiadores y los científicos ha disipado algunos de esos mitos e inventos, para dejarnos ver personajes más reales, más falibles, más vivos, que los estereotipos de la raza de bronce.

A propósito de lo que dice la doctora Malvido, y a propósito del congreso que se realizará la próxima semana en el Museo Nacional de Antropología, quisiera recordar aquí en corto las tesis de Rodolfo Acuña Soto (con quien por cierto no coincide la investigadora del INAH), que nos servirán para recordar un dato terrible de nuestra historia.

El cuadro convencional dice que México era un imperio floreciente y que a su llegada los españoles espantaron a los indígenas con sus caballos y armas de fuego, pero también porque trajeron consigo enfermedades para las que los mexicanos no tenían defensas. Los españoles, unos cientos de aventureros de la peor ralea, carne de presidio, llegaron en 1519 a un país que tenía más de 20 millones de habitantes. Para el año 1600 sólo quedaban dos millones. ¡Uf!

Los españoles eran los villanos obvios: después de todo, en 1520 se registró una epidemia de viruela y en 1530 una de sarampión que sólo podían atribuirse a los invasores: supuestamente esas enfermedades no existían aquí. A partir de esto, los historiadores por lo general asumieron que otras dos grandes epidemias del siglo XVI, una en 1545 y otra en 1576, también fueron causadas por males traídos desde España.

Acuña Soto estudió el asunto y concluyó que esas dos epidemias, llamadas en nahua cocoliztli ("la pestilencia"), fueron fiebres hemorrágicas de origen local causadas por un virus que tal vez aún siga latente por ahí. En el caso le ayudaron el testimonio de un español, médico de cabecera del rey Felipe II, y sobre todo el registro de lluvias extraído de los anillos de los árboles. Es una tesis controvertida, pero digna de conocer y discutir.

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