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Analfabetos peligrosos

Jonathan Hodge

En una de las notas de esta misma página, la doctora Rosaura Ruiz dice con un optimismo digno del Cándido de Voltaire, que trajeron al doctor Jonathan Hodge para que, en amenas conferencias sobre su tema de especialidad, que es la historia de la teoría de la evolución, ayude a disipar la ignorancia supina que nos aqueja en materia de ciencia, y que deja las puertas abiertas de par en par a la superstición, la ignorancia y la manipulación.

El esfuerzo me parece encomiable y digno de aplauso. Todos debemos aprender de los expertos y abrir los ojos a temas tan fundamentales como éste, piedra angular de la biología moderna.

El problema que veo, desde mi atalaya escéptica de casi todo, es que el analfabetismo popular no es el más peligroso. De hecho, parece que la ignorancia de la gente de a pie no necesariamente le pega a la relevancia social de la ciencia: el mejor ejemplo lo tenemos en Estados Unidos, donde millones de personas piensan que los dinosaurios vivieron en el mismo marco de tiempo que hombres antiguos, y donde otros muchos millones pelean un año sí y otro también por meter sus sectarismos religiosos en las aulas laicas. Y a pesar de estas evidencias de flagrante analfabetismo científico, la ciencia del coloso del norte todavía florece.

No, el problema fundamental, o por lo menos uno de los problemas fundamentales, no es el analfabetismo de nosotros los simples mortales; lo verdaderamente grave es el analfabetismo en quienes ocupan posiciones públicas desde las cuales sus ignorancias y sus pequeñeces se multiplican hasta hacernos papilla.

Atrás quedaron ya los anecdóticos gazapos culturales del presidente Fox, o los berrinches ultraderechosos del secretario de Gobernación. Hace unos días un funcionario del gobierno municipal de Monterrey alejó de su espacio personal algunas cuestiones sobre homosexuales diciendo que "pobrecitos, no son malos, están enfermos". Y luego dijo que esa "enfermedad" le autorizaba a retirar a los susodichos de la circulación.

Ahí es donde el analfabetismo tiene consecuencias negras. En el ámbito de la función pública, donde hacen falta, según ha comentado el doctor Luis Eugenio Todd, los cursos de año y medio que les dan a los funcionarios finlandeses, no para que aprendan ciencia, sino por lo menos para que entiendan que la función pública es para servir al público, no para robarse hasta los manteles. ¡Analfabetos y cacos!

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