¿Qué hay en un nombre?
Parece que los escritores llevan ventaja en cuanto a conocer el valor de la palabra. Gertrude Stein dijo que una rosa es una rosa, y Borges dedicó muchos poemas y textos a esta cuestión, empezando por "El Golem": Si como el griego afirma en "El Cratilo" / el nombre es arquetipo de la cosa / en las letras de rosa está la rosa y todo el Nilo en la palabra Nilo. Y etcétera.
Pero sólo ahora se están dando cuenta los astrónomos de que un nombre es más que la simple y llana enunciación de una cosa. Una comisión dedicada exclusivamente a buscar una definición para planeta se pasó dos años discutiendo sin lograr mucho, hasta que este verano se reunieron en París.
Supongo que fue la magia de la Ciudad Luz la que logró que, en cosa de dos semanas, pasaran de una heterogeneidad discutidora a una homogeneidad feliz. Sólo que la unanimidad tendría, ¿cómo decirlo?, implicaciones.
Si su consenso se pone en práctica (porque todavía puede pasar), dentro de una decena de años bien pudiera ocurrir que aprenderse los planetas del Sistema Solar excediera las capacidades memorísticas de la mayoría de los escolapios.
Por fortuna la comisión difundió ese primer borrador el miércoles pasado, antes de que la asamblea general de la Unión Astronómica Internacional discutiera el asunto. Esto permitió que brotaran mil y un discusiones de las cuales brotó a su vez una nueva luz: la comisión había llegado a un acuerdo contrario a lo que piensa la mayoría de los astrónomos.
El viernes quedó en claro que una definición más sensata tendría que acotar la del primer borrador. ¿Qué tal si a lo primero se le agrega el factor dominancia, es decir, el requisito de que para ser planeta un cuerpo deba ser el mandamás de su territorio?
Todo parece indicar que una definición así, que arrebata a Plutón el honroso apelativo de planeta, sí cuenta con el consenso de los notables y sus cuates, así que hay más probabilidades de que el "borrador C" sea el que aprueben hoy en Praga los astrónomos.
Queda por definir cómo se llamará a los objetos que no alcancen categoría planetaria, y si se reservará para los objetos parecidos a Plutón una designación especial, como "objeto plutoniano". Eso lo sabremos mañana.
Pero ojalá que los astrónomos se pongan un rato la cachucha de humanistas y lleguen a una definición que además de satisfacer criterios científicos, le agregue un poco de poesía al asunto.
Horacio Salazar
24/08/2006





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