Cómo está el vaso del sida

vaso medio lleno

La Organización Mundial de la Salud, en un reporte sobre los progresos en la lucha contra el sida, presentó un cuadro agridulce que lo mismo muestra progresos increíbles que las inmensidades de lo que aún debe avanzarse.

Los números pueden verse como uno quiera, como ocurre con el proverbial vaso lleno a la mitad: ¿Está medio lleno? ¿Está medio vacío? Pues igual están los avances en la lucha contra el sida. ¿Medio vacío?

A fines de 2003 se había planteado la meta de que en dos años se pondrían antirretrovirales al alcance de tres millones de infectados en todo el mundo. Las cifras que reportó la OMS hablan de 1.3 millones de personas; ni siquiera la mitad de lo buscado.

La implicación negra es, por supuesto, que toda esa gente no tratada significa que miles y miles de personas murieron y siguen muriendo de lo que el director de sida en la OMS, Kevin de Cock, llamó "una enfermedad tratable".

La imagen que se publicó ayer en estas páginas, el expresivo rostro de un huérfano del sida que además lleva ya en la sangre el virus mortal, apenas toca los abismos del problema; más o menos la mitad de los niños infectados mueren antes de cumplir dos años.

Pero yo prefiero ver que el vaso está medio lleno. Al cumplirse el plazo a fines del 2005, el número de personas tratadas se había multiplicado por más de tres. Considerando que cada año el sida mata a unos tres millones de personas, se estima que el programa de la OMS evitó de 250 mil a 300 mil muertes tan sólo en 2005.

Bien dicen que cuando se manejan números así, cuando hablamos de estadísticas, perdemos de vista la dimensión humana de la tragedia. ¿Quién es capaz de imaginar la muerte de cientos de miles, de millones de personas? Pero para esos 1.3 millones de infectados que ya están recibiendo antirretrovirales, el regalo de vida no sólo significa más días sobre la Tierra, sino la posibilidad real de seguir con vida cuando al fin se encuentre una solución al mal.

Es un regalo de esperanza real. Despacio, pero parece que la conciencia del mundo se está despertando al fin. En 2003 se invirtieron cuatro mil 700 millones de dólares al sida; en el 2005, ocho mil 300 millones de dólares.

El vaso está pues medio lleno, pero no es como para sacar las serpentinas y espantasuegras para celebrar, porque en verdad todavía estamos lejos; todavía podemos hacer más, mucho más.

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