La envidia me corroe
Entre lo mucho que habló el día final de enero el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, en su habitual discurso sobre el estado de la nación, lo que más me llamó la atención (por supuesto) fue el Programa de Competitividad Estadunidense, el cual busca "fomentar la innovación en toda nuestra economía y darles a los niños de nuestro país una base firme en las matemáticas y ciencias".
Más allá de que este objetivo es irrecusable, el asunto es que va acompañado de medidas concretas. Bush planteó a nivel general tres compromisos de largo aliento acompañados de una lluvia de dólares y acciones.
En primer lugar, propuso duplicar los fondos federales para la mayor parte de los programas esenciales para robustecer las ciencias físicas en los próximos diez años. La iniciativa supone destinar a investigación y desarrollo cinco mil 900 millones de dólares en el año fiscal 2007, y en total más de 136 mil millones de dólares a lo largo de la siguiente década.
"Estos fondos -dijo Bush- respaldarán la labor de los cerebros más creativos de Estados Unidos mientras exploren campos prometedores como la nanotecnología, supercomputación y fuentes alternas de energía".
En segundo término propuso que el crédito fiscal para empresas que invierten en investigación y desarrollo se haga permanente, lo que implicará un costo de 86 mil millones de dólares en la próxima década.
En tercer lugar, Bush pidió estimular a los niños para que lleven más matemáticas y más ciencias, pero acompañar esto con la seguridad de que los cursos sean verdaderamente mejores. Esta propuesta incluye capacitar a 70 mil profesores de nivel secundaria para que puedan dar cursos avanzados de ciencias y matemáticas, y convocar a 30 mil profesionales de los mismos ramos para que formen un cuerpo de Profesores Adjuntos que aterrice el conocimiento con su experiencia.
"Si nos aseguramos de que los niños de Estados Unidos tengan éxito en la vida, ellos se asegurarán de que Estados Unidos sea exitoso en el mundo", dijo Bush entre aplausos.
Más allá de la retórica que esto pueda implicar, el gobierno de Bush habló de compromisos concretos y de montos concretos, de modo que si no se aplican los fondos, los electores podrán pasarle la factura.
Pero algo que además me llamó la atención es que los funcionarios a cargo de distintas tareas tienen una claridad interesante. Por ejemplo, la secretaria de Educación, Margaret Spellings, dijo que "no puedes enseñar lo que no sabes, y desafortunadamente muchos profesores están enseñando estas materias sin la experiencia necesaria".
Y la secretaria del Trabajo, Elaine Chao, le recordó a un reportero que "el gobierno no crea empleos, lo hace el sector privado. Así que el gobierno tiene que crear el ambiente en el que se optimice la creación de empleos".
Es inevitable tratar de comparar lo comparable y de suspirar por lo no comparable. Más allá de los montos asignados a estas cuestiones, que despiertan el verdor de mi envidia, ¿cuándo podremos ver en los funcionarios de primer nivel de nuestro país el reconocimiento de cosas así de sencillas? ¿Cuándo podremos ver, como ocurrió con Bush, una feliz unanimidad en el Gabinete, todos respaldando a su presidente? ¿Acaso no merecemos algo así? Ah, no. Es año electoral, y cada quien lleva agua para su molino. Al país, que se lo lleve la tristeza o, como dijo el titular del Conacyt en Mérida, que se quede en el subdesarrollo. Chin.
Horacio Salazar
04/02/2006





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