Tiburón: el mexicano que persiguió a Nicole

Una hembra de tiburón blanco recorrió más de 20 mil kilómetros en nueve meses, nadando desde Sudáfrica hasta Australia y de regreso, en un recorrido que sorprendió a los especialistas acostumbrados a ver al gran depredador marino limitado a las costas y lejos de las grandes profundidades.
Pero el recorrido del escualo no pasó inadvertido al mundo. Un equipo de oceanólogos la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS), que tiene su sede en el Bronx neoyorquino, y de varias instituciones sudafricanas, siguió cuidadosamente el viaje de Nicole, nombre con el que bautizaron a la temible nadadora.
El mexicano Ramón Bonfil Sanders, jefe del equipo y autor principal del reporte que publica este viernes la revista Science, admite que bautizó al tiburón como Nicole como homenaje a Nicole Kidman, la actriz australiana que en varias ocasiones ha declarado que le encantan los tiburones.
“Dado que el tiburón es una hembra, y que viajó hasta Australia, decidí ponerle el nombre de Nicole”, comenta el oceanólogo nacido en el Distrito Federal y convertido ya en una autoridad mundial en tiburones.
Persiguiendo escualos
Para esta investigación, el equipo de la WCS puso a una treintena de tiburones blancos etiquetas especiales para registrar sus movimientos. En el caso de Nicole, se insertó en su aleta dorsal un marcador satelital el 7 de noviembre del año 2003; esto se hizo en aguas de Sudáfrica. El marcador registró en intervalos fijos la hora, la temperatura, la profundidad y el nivel de luz.
A diferencia de los otros escualos marcados, que se mostraron muy activos pero sólo nadaron en las costas orientales de Sudáfrica, Nicole se dirigió al sur, como si fuera a la Antártida, pero luego viró hacia el este y se adentró en pleno Océano Índico. Aunque a veces se sumergió hasta profundidades de casi un kilómetro —algo que tampoco había sido registrado antes en tiburones blancos— pasó 60 por ciento del recorrido nadando cerca de la superficie; incluso hay la sospecha de que los tiburones puedan usar indicadores del cielo para viajes tan largos como el de Nicole.
A los 99 días, la etiqueta se desprendió de su aleta, subió a la superficie y transmitió sus datos a un satélite. Nicole estaba entonces a escasos mil 500 metros de la costa australiana. El 20 de agosto de 2004, los científicos la identificaron nuevamente en aguas sudafricanas: el enorme pez había recorrido más de 20 mil kilómetros en menos de nueve meses. El recorrido de Nicole puede seguirse por Internet en un sitio de la Universidad del Sur de California (http://netviewer.usc.edu/intro.html).
Science publica un segundo estudio relacionado. En él, Barbara Block, Kevin Weng y otros, de Stanford, hicieron algo parecido con tiburones salmón que tienen su hábitat original en la Bahía Prince William, en Alaska. También etiquetados para seguirlos vía satélite, los escualos derribaron la idea de que tenían escasa movilidad, y sus seguidores pudieron detectarlos tan al sur como en las inmediaciones de Hawai y Baja California.
Mexicano de punta a punta
Bonfil Sanders, el oceanólogo que encabezó la investigación, dice que a pesar de haber nacido en el Distrito Federal, se considera más que un chilango: vivió un año en Coatzacoalcos, donde le cobró amor al mar, de suerte que estudió su carrera en la Escuela Superior de Ciencias Marinas, de la Universidad Autónoma de Baja California, en Ensenada.
“Viví seis años en Ensenada, y mi primer trabajo fue en el sureste, en Mérida, así que me considero un mexicano de punta a punta”, relata.
Pero sus andanzas no se redujeron al territorio nacional. Estudió su maestría (biología marina y manejo de pesquerías) en la Universidad del Norte de Gales, y su doctorado (manejo de recursos naturales) lo llevó a la Universidad de Columbia Británica, en Vancouver, Canadá. Además hizo proyectos para la FAO en Roma, y después de un tiempo trabajando como consultor, hace cuatro años aceptó la oportunidad de trabajar para la WCS, de modo que ahora vive en Nueva York.
El trabajo lo mantiene en movimiento. “Me paso un tercio del año viajando; tengo que andar corriendo por todas partes”, reconoce: así, la investigación sobre Nicole lo llevó a Sudáfrica, y está trabajando en un proyecto que lo ha llevado hasta Nueva Zelanda.
Ramón encuentra su trabajo muy excitante. Cuenta que el proyecto de rastreo de tiburones blancos lo preparó con ayuda de mucha gente de gran experiencia en estos depredadores tan temidos. Pero se prepararon tan bien que en la embarcación llevaban hasta veerinarios para asegurar que no hubiera percances para los tiburones.
Así y todo, acercarse a peces tan llenos de dientes no contribuye al aburrimiento. “Es una operación bastante emocionante, con carga de adrenalina bastante fuerte”, cuenta. “Es intenso, pero personalmente estoy muy contento con el trabajo de campo, y ha sido un éxito rotundo como investigación”.
Se ignoran muchas cosas sobre el gran tiburón blanco: el rastreo de 15 meses permitió constatar que no son sólo animales costeros, que pueden sumergirse a grandes profundidades, que no temen pasar largo tiempo en océanos de gran calado y que posiblemente tienen una conducta que los mueve a regresar periódicamente a su lugar de origen.
El periplo de Nicole sugiere que las poblaciones de tiburones sudafricanos y australianos podrían estar interconectadas, lo cual implicaría que las poblaciones de estos peces serían menores de lo esperado y por tanto correrían peligro de desaparecer debido a la pesca comercial.
“Hemos aprendido muchas cosas, y el hecho de que la investigación esté publicada en Science es testimonio de que es una investigación de punta”, dice Bonfil Sanders.
Sí se puede
¿Algún complejo? Para nada. El oceanólogo dice que México y en particular la Escuela Superior de Ciencias Marinas han sido pioneros a nivel Latinoamérica en toda clase de estudios marinos. “Hay una importante formación de oceanólogos, y desde los años 60 México ha hecho investigación sobre tiburones, haciendo estudios taxonómicos, básicos, de pesquería”.
Recuerda que Ramón Bravo, su tocayo célebre como buzo precisamente por sus películas sobre tiburones, llegó a su vida de casualidad.
“Él no es académico, pero hizo documentales fantásticos. Estaba yo en la Prepa 6, antes de ir a estudiar oceanología a Ensenada, y él vino y pasó una película. Entonces yo ni me imaginaba que me iba a volver un especialista en tiburones y que estaría donde estoy ahora”.
¿Dónde está ahora? En una institución del extranjero, en un sitio donde puede realizar investigación costosa que en México probablemente no podría hacer al mismo nivel, por falta de recursos.
Esto tiene su precio, reconoce. “Es una vida difícil, hay que decirlo con todas sus palabras: dejar el país, la familia, no es un paso fácil, pero es la única manera de abrirse uno puertas y tener acceso a oportunidades de formación y de investigación que desafortunadamente en México no tenemos los recursos o el interés de hacerlo”.
Ramón dice que todavía hay mucho por hacer. “Los mexicanos”, dice confiado, “podemos hacerla bien en el país o en el extranjero. No debemos tener miedo de nuestras raíces, no debemos olvidarlas, pero también tenemos que tener claro que el mundo es muy grande y nos ofrece muchas cosas interesantes. Hay que dar el salto”.
En unas semanas, el oceanólogo visitará la Isla Guadalupe, en su país natal. Pero no viene con ojos de turista, sino de investigador, en busca de nuevas oportunidades de perseguir a otros tiburones. No serán Nicole, pero queda todavía mucho por aprender, dice.

Horacio Salazar
07/10/2005




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