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Chismes, chismes: el pegamento de la sociedad

Chisme

Cuando Juan dejó la empresa en la que había trabajado 15 años, se distribuyó un memorando que informaba escuetamente que abandonaba su puesto “por así convenir a sus intereses”, dando a entender que se había ido el busca de pastos más verdes. Pero a los diez minutos, en la cafetería de la empresa, ya era cosa sabida que Juan le respondió a un subgerente en un tono que no le había gustado nada. De ahí su salida.

La historia de Juan es una historia común. Pero también es común pasar por alto un dato importante: para los demás empleados, la información valiosa no llegó por las vías formales, sino a través de las redes informales, a través del chisme.

Una herramienta social

Sí, del chisme. Lejos de ser una práctica desdeñable, rastrera y ponzoñosa que daña a los grupos sociales, el chisme es un mecanismo útil, valioso, que cumple al menos dos funciones clave: (1) ayuda a las personas a conocer, transmitir y aplicar las mil reglas no escritas que se requieren para formar parte de un grupo; (2) hace circular información estratégica que no se puede publicar de otro modo.

En un reportaje publicado este martes por The New York Times, Benedict Carey da cuenta del nuevo estatus del chisme como un factor fundamental para mantener unidos a los grupos humanos.

“El chisme -lo dice David Sloan Wilson, profesor de biología y antropología en la Universidad Estatal de Nueva York en Binghamton- parece ser una muy sofisticada interacción de funciones múltiples, importante para normar las conductas y definir la membresía de un grupo”.

Según el reportaje, los estudios hechos en poblaciones tan distintas como isleños del Pacífico, niños estadunidenses, campesinos mexicanos y más, confirma algo intuitivo: todos chismeamos. De todo el tiempo de conversación, dedicamos entre un 20 y un 65 por ciento o más de ese tiempo al chisme. Y a los hombres les gusta tanto el chisme como a las mujeres.

¿Sobre qué chismeamos? Hay variaciones según el sexo, pero los tópicos universales tienen que ver precisamente con sexo, infidelidad, violencia y agresión, estatus, nacimientos y muertes, política, religión, salud… Y la evidencia dice que la mayoría de las personas transmiten los chismes más sabrosos a por lo menos dos oídos atentos.

Chismes como armas

El chisme sirve para poner en vigor reglas. El equipo de Kevin Kniffin, antropólogo de la Universidad de Wisconsin, vigiló durante año y medio a un grupo de casi 50 hombres y mujeres que formaban equipos de cuatro y ocho remeros.

Aunque todavía no está terminado el análisis de los datos, hay algo claro: cada vez que en un equipo entra alguien que falta a los entrenamientos, que llega tarde, los niveles de chismorreo se van al techo.

“Los compañeros de equipo bromeaban sobre la vida sexual del remiso a sus espaldas, y hacían chistes crueles sobre su carácter y virilidad, en parte porque los defectos del hombre se reflejaban en un mal desempeño de todo el equipo”, dice el Times.

Cuando el elemento flojo salía del equipo, la gente retornaba a sus niveles habituales de chismorreo, y los temas volvían a ser la radio, la comida, el clima y otros tópicos positivos. En otras palabras, los chismes protegieron al grupo contra el impacto de elementos poco rendidores.

El chisme y la confianza

En un caso algo distinto, Mady Miraglia, una profesora de historia que da clases en una preparatoria de California, recordó que la primera vez que dio clases, había escuchado chismes sobre cómo maestros muy experimentados tenían graves problemas para controlar sus grupos.

“Me sentía abrumada, y escuchar que alguien decía de otro maestro: ’En su clase no hay control’, ayudó a constituir mi confianza”, dijo.

En otra ocasión, compañeras suyas le contaron detalles acerca de “pecadillos” sexuales de otros maestros. “Me hizo sentir mejor, como profesora, escuchar que otros eran denigrados… El chisme me dio una especie de conexión; sentí como que me dio estatus, saber información, estar entre los que saben”.

Las personas poco sociables ganarían mucho si se decidieran a participar en los chismorreos de su grupo, dijo Sarah Wert, psicóloga de Yale. “Aprenderían muchas cosas que necesitan saber y que no pueden aprender en otra parte, como qué tan confiables son las personas”.

Según la académica, el chisme es totalmente normal. “No participar en cierto nivel de chismorreo puede ser insano y anormal”, dijo.

El año pasado, se hizo una prueba entre universitarios de Ohio a los que se pidió recordar los mejores chismes de la semana y del año anterior.

Luego escribieron lo que habían aprendido de la experiencia. Y aprendieron cosas como “Si eres infiel, a la larga te atraparán”, o “La gente jovial no necesariamente es gente feliz”. Estas son lecciones que no se dan en las aulas.

Idiomas distintos, acepciones diferentes

La palabra en inglés “gossip” se traduce al español como “chisme”. Si se pregunta a un norteamericano y a un mexicano lo que entienden por el término, es seguro que entenderán casi lo mismo. Pero cada palabra tiene una carga cultural distinta, una carga derivada de su origen.

La palabra inglesa “gossip” se deriva de “god”, “Dios”, y “sib”, “afín” o “relacionado” (de aquí, sibling, “hermano”). La palabra “godsibb” aludía a una persona relacionada con uno a través de Dios, como un padrino. Hasta el siglo XIX, “gossip” se usaba para aludir a un hombre que bebía con sus amigos, y la hermandad que los unía, y también se empleaba para aludir a una mujer que era amiga de la familia y hacía funciones de comadrona durante un parto (amiga que, por supuesto, chismeaba). En otras palabras, desde su raíz, “gossip” es una palabra con acepción positiva.

En contraste, según Roque Barcia, autor de un famoso diccionario etimológico, “chisme” viene de “eisma”, cuya raíz proviene del griego “schisma”, que significa “corte”, “rotura”, “división”. La palabra “cisma”, usada para aludir a la división de una iglesia en sectas, tiene el mismo origen que “chisme”, que entonces desde su nacimiento tiene una carga negativa.

Cotilleo en cifras

Algunos datos sobre chismes pueden indicarnos el alcance de esta práctica, que no por ser criticada se ha dejado de ejercer alguna vez.

  • El medio moderno ideal para el chisme es el celular.
  • 33 por ciento de los hombres chismean por celular todos los días.
  • 26 por ciento de las mujeres chismean por celular todos los días.
  • 67 por ciento de los chismes versan sobre temas sociales, relaciones personales y problemas personales.
  • 5 por ciento de los chismes son negativos.
  • En oficinas corporativas, 2-3 por ciento de las conversaciones tratan sobre tópicos serios; el resto son chismes.
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