El lado limpio de la suciedad

Durante décadas, las madres han enseñado —y los hijos han aprendido— que es preciso sacarle la vuelta a la mugre. Un niño sucio es un niño feo, han dicho, y por eso los niños urbanos de hoy tienden a ser muy limpios y a evitar el contacto con el suelo. Paradójicamente, toda esta pulcritud puede ser hasta mala, en la medida en que ha separado a los chicos de la realidad para que en vez de jugar afuera, pasen más y más horas frente al televisor o jugando en la computadora.
Pero de la mano de dos empresas fabricantes de detergentes ha llegado un nuevo paradigma según el cual la suciedad —con medida— es positiva para el desarrollo infantil. Para que los pequeños estén mejor adaptados a la vida cotidiana, una buena dosis de tierra hace más maravillas que un analista, y por decirlo en palabras del sociólogo Frank Furedi, de la Universidad de Kent, “los niños no pueden desarrollarse y ser jóvenes autosuficientes y capaces sin ensuciarse”. ¡Bienvenido el lodo!
Los chicos encerrados
En mayo, la empresa Persil, fabricante de detergentes, publicó su reporte “Positivamente sucios”, animado por un espíritu decididamente paradójico. “Persil”, dice el texto, “cree que la libertad de ensuciarse libera el potencial humano, y que las personas en todos los niveles de la sociedad, en todo el mundo, pueden mejorar sus vidas abrazando actividades que implican ensuciarse”.
El reporte se basó en una encuesta realizada entre familias británicas. Muchos de los resultados no se aplicarán, en este sentido, en culturas o países distintos, pero muchos padres reconocerán claramente estas mismas tendencias en sus hogares.
Según la encuesta, a dos tercios de los padres les preocupa que si alguien ve a sus hijos con ropa sucia, los considerarán unos padres malos. Un 47% de las madres dice que sus hijos se han rehusado a vestir algo por estar sucio. Un 14% dicen que sus hijos no quieren salir a jugar para no ensuciarse.
Del otro lado, hoy día muchos chicos eligen su ropa, y en general tienden más a comprar ropa de marca. De ahí que un tercio de los niños ingleses se sientan preocupados ante la idea de ensuciarla; 72 por ciento dicen que les preocupa que sus padres puedan regañarlos por ensuciarse.
Lo anterior se ha traducido en una silenciosa migración del exterior al interior. Muchos niños pasan ahora la mayor parte de su tiempo practicando actividades (si se les puede decir así) en el interior de su hogar). Según la encuesta, 88% de los niños ingleses ven la televisión todos los días y 41% juegan videojuegos todos los días. En comparación, sólo 33% salen al jardín a jugar.
La suciedad positiva
La empresa Persil concluye su reporte señalando que se requiere -lo exigen los padres, lo necesitan los niños- un nuevo y más fresco enfoque, uno que permita a padres e hijos abrazar la noción de que ensuciarse no es malo, sino la puerta a un contacto distinto con la naturaleza.
Tal enfoque es el que hace unas semanas llevó a Buenos Aires el doctor John Richer, de la Universidad de Oxford, Inglaterra, al participar en el Primer Foro sobre Desarrollo Infantil. Patrocinado por Ala (una marca de detergentes que vende en Argentina la corporación Unilever) y por la Asociación Internacional por el Derecho del Niño a Jugar, el foro tenía como tema “Los beneficios de ensuciarse”.
Dice Richer: “los niños que no exploran y juegan en el mundo real, los que no reciben los beneficios de ensuciarse, tienen menos posibilidades de integrarse de manera equilibrada al mundo, lo cual puede llevar al desarrollo de conductas inapropiadas o personalidades neuróticas”.
El mundo real es sucio; para adaptarse a él, los niños necesitan ensuciarse. Los que salen poco, juegan en casa, y ahí gatean, caminan y brincan. Si las madres tienen conceptos inadecuados sobre higiene y suciedad, pueden estorbar la maduración mental y motora de sus hijos.
Si quieren que los pies de sus hijos jamás toquen la tierra, podrían condenarlos a carecer de defensas básicas. “Los chicos que viven en contextos rurales son menos propensos a padecer alergias y asma, y el contacto con ambientes medianamente sucios ayuda a que su sistema inmunológico se desarrolle antes y mejor”, dijo Richer.
Al igual que Furedi, Richer dijo que es común asociar suciedad con agentes patógenos, además de que es común en la sociedad de hoy asociar la suciedad con juicios morales. Se cree “que las personas sucias son desorganizadas, de bajo nivel social, no atractivas, propensas a enfermar y desdeñables”. En contraste, las personas limpias se ven sanas, de alto nivel social y atractivas.
Para niños y adolescentes, dijo Richer, “ensuciarse es saludable tanto para el cuerpo como para nuestra mente”. Y entre los adultos (sobre todo hombres), algo de suciedad resulta hasta atractivo para las mujeres porque implica un nivel de solvencia física.
“No es la suciedad per se lo que se debe evitar, sino lo que ella puede llevar consigo, los patógenos”. Pero lo propio es alcanzar un nivel de equilibrio “a través del contacto con el mundo real, lo ’sucio’ que nos rodea, con el fin de aprender de este mundo y, especialmente los niños, adaptarse y crecer en él”.
Nueva campaña
La corporación Unilever, propietaria de la marca Ala en Argentina, es también dueña de la marca Wisk en Estados Unidos. Ahí, de la mano de su agencia de relaciones públicas Lowe & Partners, Wisk está ensuciando su imagen. Al grito de “Adelante. Ensúciate”, la marca de jabón para lavar tiene un certamen en el que participa el astro del beisbol Cal Ripken Jr., todo basado en la idea de que para vivir la vida plenamente, la secuencia a seguir es muy simple: “Ensúciate. Vive la vida. Límpiate”.
De acuerdo con la campaña, al parecer evolucionada a partir de otras marcas que Unilever tiene en la India y Canadá, “una vida sin tierra es una vida vivida a medias”. Por eso la campaña muestra frascos llenos de tierra con leyendas atractivas: “Reintroduciendo el primer juguete del mundo”, “Manténgase al alcance de los niños”, “Cura el aburrimiento”. Muestra también niños sonrientes que juegan beisbol o soccer con los uniformes alegremente llenos de tierra.
La campaña tiene sentido más allá de la cuestión limpieza-higiene: en una era de niños cada vez más estáticos, pasivos, obesos, un regreso a la tierra del patio puede ser una experiencia renovadora.
Entre los eventos promovidos por Unilever estuvo el Segundo Foro sobre Desarrollo Infantil que se celebró en mayo pasado en Montevideo. Ahí se levantó un estudio entre alrededor de 400 madres que tenían hijos de uno a 12 años, y el resultado, publicado este sábado en BBC Mundo, indica que las madres “tienen una muy alta valoración de que el juego es fundamental para sus hijos, y entienden que ensuciarse pasa a un segundo plano cuando el objetivo es el del juego, para lograr un desarrollo”.
Según el sondeo, nueve de cada diez madres no limitan el juego de sus hijos por temor a que se ensucien.
¿A qué juegan los niños? Según parece, hay un patrón claro: entre semana juegan con carritos (ellos) o muñecas (ellas) y ven televisión. El fin de semana lo aprovechan para correr, patinar, jugar a la pelota, andar en bicicleta, jugar a las escondidas.
Las madres dijeron además que disfrutan más con sus hijos actividades tan pasivas como pintar, leer o practicar juegos de mesa; en otras palabras, tienden a jugar dentro de casa, bajo el argumento de la seguridad.
Horacio Salazar
30/07/2005




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