El futuro Presidente no sabe leer

Decía Giovanni Sartori que cuando el Homo sapiens es reemplazado por el Homo videns, ocurre una atrofia: el lenguaje conceptual, rico y lleno de connotaciones, cede paso al lenguaje perceptivo, pobre y de significado limitado. Hipnotizado por el televisor, el sujeto se convierte en acumulador de imágenes: ¿Para qué pensar? ¡Qué flojera!
Todo parece indicar que Sartori tenía razón, y que en México, el triunfo de la televisión o, más precisamente, el triunfo de un tipo de televisión en México, está produciendo chicos cada vez más apáticos e incapaces de pensar.
Para no echar malas, echemos un ojo a los datos del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA). Esta iniciativa lanzada en 1997 por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) nos presenta una radiografía rápida de la evolución del quinceañero mexicano en dos momentos del tiempo: los años 2000 y 2003 --porque en esos años se aplicaron pruebas en las que participaron estudiantes mexicanos.
Los resultados, que deberían difundirse con gran amplitud, no se pueden calificar más que de aterradores. Apenas este viernes, el presidente Fox dijo a los pequeños estudiantes de México que ofrecer una educación de calidad a la juventud es comprar un mejor futuro para el país. ¿Qué nos dicen las pruebas PISA sobre esa educación de calidad? Veamos.
En primer lugar, en 2000 y en 2003 México se mantuvo como el país colero de la OCDE. No fue el colero de las pruebas porque en ambos casos participaron "países asociados", pero de los miembros de la OCDE fue el último, en los dos años, en todas las pruebas.
Veamos los números de la prueba PISA 2003. En matemáticas, campo en el que los varones llevan ligera ventaja sobre las chicas, los mexicanos sacamos 385 puntos (hombres, 391 puntos; mujeres, 380 puntos). Esto dice poco si no se menciona que el promedio de la OCDE fue de 500 puntos, y que los estudiantes de Hong Kong (un país asociado) obtuvieron 550 puntos, y 544 los finlandeses.
En lectura, los datos para México fueron: promedio general, 400 puntos; hombres, 389 puntos; mujeres, 410 (sí, ellas son mejores). En este caso, el promedio de la OCDE fue de 494 puntos. En ciencias, nuestro promedio general fue de 405 puntos; 410 para los hombres y 400 para las mujeres. El promedio de la OCDE fue de 500 puntos.
Así, la radiografía del 2003 es triste: coleros y por mucho. Pero más triste es el cotejo interno, es decir, la comparación de los datos para 2003 y 2000. ¿Aprendimos algo en esos tres años? ¿Mejoramos? La respuesta es no. Las calificaciones en la prueba PISA 2000 habían sido: lectura, 422 puntos; matemáticas, 387 puntos; ciencias, 422 puntos. En otras palabras, caímos 22 puntos en lectura, 2 puntos en matemáticas y 17 puntos en ciencias. Tuvimos lo que don Eufemio llamaría un "avance negativo". Avanzamos p'atrás.
¿Por qué los quinceañeros mexicanos tienen tan pobre desempeño en esta prueba internacional? ¿Les da pánico escénico? ¿Se acomplejan como el "Tri" al tirar penalties? ¿A la hora buena les sale a relucir el complejo de inferioridad? Seguramente participan en ello todos estos factores.
El presidente Fox dijo ayer que los niños de hoy serán los presidentes, diputados, senadores, empresarios, agricultores, maestros e investigadores del futuro. Si van a hacerlo con la educación que nos tiene en la cola de los países de la OCDE, ¡pobre México!
Periodismo Científico
23/07/2005




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