Las aventuras del palimpsesto de Arquímedes

Una fina ráfaga de rayos-X atravesó con cautela un espacio de 23 siglos para iluminar, en más de un sentido, un viejo trozo de piel de oveja que contiene, en una capa tan tenue que sólo la tecnología actual puede sacar a relucir, textos escritos originalmente por Arquímedes, el genial matemático griego que, ahora se sabe, se adelantó a su tiempo casi dos mil años como inventor de una forma personal de cálculo. El escenario fue el Centro del Acelerador Lineal de Stanford, en la universidad del mismo nombre, donde expertos de varias disciplinas han hecho equipo para coronar un proyecto que lleva seis años y que aspira a recuperar, hasta donde sea posible, el texto oculto en un documento de mil años de edad conocido popularmente como el Palimpsesto de Arquímedes.
Reviel Netz, profesor asistente de clásicos y filosofía en la Universidad de Stanford, explica que todo manuscrito es una ventana hacia el pasado, un medio para explorar un mundo perdido. O, mejor aún, un manuscrito es como una sonda planetaria, y en el caso particular de este documento, es "como una sonda enviada a nosotros: una cápsula de tiempo de Arquímedes". Y esta cápsula de tiempo concreta tuvo viajes "especialmente arduos".
Un documento ruinoso
El fragor de la batalla es claramente visible. El Palimpsesto de Arquímedes es un libro de 174 páginas de pergamino, con tapas de madera. Las páginas son viejas, sí, pero además han sido víctimas de cera, pegamento, fuego y hasta los estragos de un hongo morado. Es una verdadera ruina. Abigail Quandt, conservadora de manuscritos y libros raros en el Museo de Arte Walters, agrega que "el pergamino está perforado en las partes donde entraron hongos y se comieron el colágeno; en estas áreas el texto de Arquímedes desapareció por completo".
En muchos sentidos, lo verdaderamente asombroso no es que el libro esté en malas condiciones, sino que exista. Aunque no se tiene certeza de toda su historia, lo que se sabe apunta a un recorrido lleno de vicisitudes.
El Palimpsesto de Arquímedes no contiene escritura autógrafa original del matemático griego. Arquímedes vivió en el siglo III antes de Cristo, y se presume que antes de su muerte alrededor del año 212 antes de nuestra era consignó por escrito sus tratados más importantes. Como era una autoridad en la materia, en los siglos siguientes sus obras fueron copiadas con diligencia, y así ocurrió con este volumen. Según parece, hacia el siglo X, acaso en Constantinopla, un escriba monástico transcribió el texto de alguna fuente anterior, escribiendo con tinta sobre un pergamino de piel de oveja, y luego lo encuadernó en madera.
A esas alturas no había en la Europa cristiana una sola persona capaz de leer y entender el contenido del libro. Las tinieblas de la Edad Media llegaron lejos, y hacia el siglo XII, cuando en el monasterio escasearon los materiales, un monje cristiano no vaciló: desencuadernó el libro de Arquímedes, remojó los pergaminos y los raspó con piedra pómez para borrar lo escrito doscientos años atrás. Luego escribió sobre las páginas renovadas algo más acorde a la vida monacal: un libro de oraciones o Euchologion.
El nuevo libro era lo que se denomina un palimpsesto. La palabra proviene del griego palin, "otra vez", y psao, "raspar". Un palimpsesto es "lo que ha sido vuelto a raspar", y la práctica era relativamente común en los días anteriores al uso difundido de papel. Así pues, la transformación de la obra de Arquímedes en un palimpsesto, que en primera instancia podría juzgarse algo negativo, en realidad lo salvó para la posteridad; el documento quedó "disfrazado" a los ojos de casi todo el mundo. William Noel, jefe del proyecto de conservación y estudio del volumen en el museo Walters, dice que aquel anónimo escriba "probablemente salvó a Arquímedes al disfrazarlo de cristiano".
Peripecias monacales
Se necesitó más que la transformación para salvarlo. La siguiente referencia documentada revela -a través de un ex-libris- que el libro de oraciones formaba parte de la biblioteca de la gran laura de San Sabas, conocida en árabe como Mar Saba, un monasterio en pleno desierto de Judea que fue comprado en 1625 por el Patriarcado Ortodoxo Griego de Jerusalén. Estamos ya en los albores de la Revolución Científica de Galileo, pero el texto de Arquímedes seguía oculto tras los muros monacales de Mar Saba.
En 1839 el reverendo George Croly visitó el monasterio y vio el libro de oraciones en la biblioteca. Ésta aún poseía, a pesar de los siglos, el descuido y las privaciones, más de un millar de importantes manuscritos. Pero por estas fechas, el libro hizo un par de rápidos viajes. Primero, el Patriarcado ordenó reunir en el monasterio del Santo Sepulcro de Jerusalén los acervos de varias bibliotecas, entre ellas la de Mar Saba.
El libro fue llevado luego al Metochion de la Iglesia del Santo Sepulcro. En sentido estricto, el término alude a un mecanismo de administración monacal manejado por los propios monjes, pero también se alude con él a una dependencia administrativa. En el caso del Metochion de la Iglesia del Santo Sepulcro, ésta era una "casa hija" instalada en Constantinopla, y sabemos que en 1846 el libro de oraciones ya estaba alojado ahí.
Ese año, un erudito-aventurero tipo Indiana Jones visitó el Metochion. Constantin von Tischendorf ganó su fama al recuperar para el mundo el Codex Sinaiticus, el más antiguo manuscrito bíblico que contiene todo el Nuevo Testamento. Este académico, que como muchos viajeros de su época no tenía muchos escrúpulos para procurarse documentos antiguos aprovechando la ignorancia de los monjes, visitó el Metochion de Constantinopla y apuntó que en la biblioteca del Patriarca no había nada de interés, "fuera de un palimpsesto que trata de matemáticas". Ya se sabía entonces, pues, que el libro de oraciones tenía bajo sus letras otro texto. Pero Tischendorf, que salió del Metochion con una página del palimpsesto en su mochila, nunca llegó a reconocer su valor. Murió 30 años después, y sus herederos vendieron a Cambridge 44 hojas de otros tantos manuscritos antiguos. Fue hasta 1983 cuando se reconoció en una de estas hojas una página faltante del Palimpsesto de Arquímedes.
Primer descubrimiento
Volviendo a la historia conocida del libro, en 1899 el erudito Athanasios Papadopoulos-Kerameos hizo un inventario de las riquezas manuscritas del Metochion, y anotó entre ellas al libro de oraciones, señalando que contenía bajo el texto litúrgico material de matemáticas en griego.
Entra ahora en la historia del libro el filólogo Johan Ludvig Heiberg, de la Universidad de Copenhague. Este académico había publicado en 1880 una edición monumental de las obras conocidas de Arquímedes, y eventualmente se enteró del catálogo compilado por Papadopulos-Kerameos. Como el listado incluía algo del texto contenido en el palimpsesto, Heiberg identificó de inmediato al autor, preparó sus maletas y en 1806 tuvo ocasión de estudiar el libro en el Metochion de Constantinopla. Fotografió todo lo que pudo y volvió a su país cargado de imágenes. Luego recurrió a su única tecnología, una lupa, y procedió a recuperar, lenta y pacientemente, el texto de Arquímedes. Sus hallazgos le valieron una portada en The New York Times (el 16 de julio de 1907), y fueron la base de una segunda edición de las obras de Arquímedes que publicó entre 1910 y 1915.
Heiberg hizo una segunda visita a Constantinopla en 1908 para estudiar el palimpsesto, y luego los recuentos habituales hablan de una laguna en su historia, que felizmente ya se puede contar al menos parcialmente.
La Primera Guerra Mundial causó toda suerte de desarreglos en Europa y el Medio Oriente. Turquía fue derrotada en 1918 y se inició la disolución del Imperio Otomano; en enero de 1921 Turquía se declaró país soberano, pero ese mismo año tropas griegas casi llegaron a la capital. El Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Griega ordenó que los libros y manuscritos del Metochion fueran enviados a la Biblioteca Nacional de Grecia para garantizar su seguridad. De las 890 obras que había catalogado Papadopoulos-Kerameos, sólo 823 llegaron a Atenas. El Palimpsesto de Arquímedes no estaba en la lista.
Los años perdidos
¿Qué había ocurrido? Un funcionario francés llamado Marie Louis Sirieix, otro émulo de Indiana Jones, recorrió Constantinopla en algún momento previo a la mudanza de la biblioteca, y presumiblemente le compró el palimpsesto a uno de los monjes. La operación no quedó registrada, y Sirieix no hizo ruido; se limitó a volver a Francia, conservando el valioso libro en el seno familiar.
Abigail Quandt dice que, además de los daños anteriores causados al palimpsesto, hubo una felonía adicional. Se pintaron, a página entera, imágenes de los cuatro evangelistas: Mateo, Marco, Lucas y Juan. Estas ilustraciones, en estilo bizantino, al parecer se añadieron para dar la impresión de que el libro era más que un libro de oraciones: quizás un Nuevo Testamento. Esto parece sugerir que la familia Sirieix ignoraba entonces el contenido real del palimpsesto. La falsificación debió hacerse después de 1929, pues las imágenes parecen haberse sacado de un libro de láminas que se publicó en ese año.
Pasó el tiempo. Constantinopla, ya lejos de ser el eje del mundo, cambió su nombre por el de Estambul. Pasó la Segunda Guerra Mundial. En 1956, Sirieix murió, y el Palimpsesto de Arquímedes pasó a manos de su hija, Anne Guersan. A principios de la década de 1960, la propietaria y su hijo, Robert Guersan, vieron preocupados que el libro se estaba deteriorando seriamente, así que pidieron consejo a su vecino Jean Bollack, profesor de la Universidad de Lille. Otros consultados fueron el profesor A. Wasserstein y el padre J. Paramelle. Por consejo de ellos, el libro fue enviado a un establecimiento parisino para su restauración.
En un breve recuento de estos tiempos, Patricia Youngblood apunta que "a principios de los 1970, Guersan evaluó por primera vez vender el palimpsesto. Su familia preparó e hizo circular 200 folletos sobre el manuscrito, 100 en francés y 100 en inglés. Los folletos atrajeron muchas expresiones de interés, pero no se produjo una venta a partir de este esfuerzo". Entre las instituciones interesadas estuvieron la Biblioteca Beinecke de Libros Raros, de la Universidad de Yale; Libros Raros y Manuscritos H. P. Kraus, de Nueva York; el Centro de Investigaciones sobre Humanidades de la Universidad de Texas, y la Universidad de Pittsburgh.
Juicio y subasta
A principios de los 1990, la familia Guersan entregó el manuscrito a la casa de subastas Christie's, a título de consignación, para su eventual venta. La empresa se puso a investigar: comparó el documento con las imágenes de Heiberg que se conservan en Dinamarca, y al constatar su autenticidad, estimó que podría obtener de 800 mil a 1.2 millones de dólares. El 13 de agosto de 1998, Christie's avisó al gobierno de Grecia sobre su intención de subastar el Palimpsesto de Arquímedes, y las autoridades griegas pusieron sobre aviso al Patriarcado de la Iglesia Ortodoxa Griega de Jerusalén. El representante de Christie's en Grecia incluso ofreció al gobierno venderle directamente el documento en 400 mil dólares, pero la oferta fue rechazada, al parecer bajo la idea de que no era necesario pagar por algo propio. En vista de ello, en septiembre Christie's anunció públicamente que subastaría el libro el 29 de octubre.
Cinco días antes de la subasta, el ministro de Cultura de Grecia, Evangelos Venizelos, dijo a la prensa que el palimpsesto era propiedad legal del Patriarcado, ya que sus datos indicaban que no existía registro de que el valioso objeto hubiera sido vendido. El Patriarcado inició una acción legal contra Christie's y la familia Guersan para impedir la venta. La empresa de subastas replicó: "El reclamo del Patriarcado nos parece, en el mejor de las casos, una tardía renuncia a las acciones tomadas por sus propios representantes en Constantinopla hace muchas décadas, en circunstancias en las que aparentemente no se conservaron registros detallados".
El 29 de octubre de 1998, las actividades en Christie's empezaron normalmente. El primer punto de la agenda consistió en la lectura de un breve boletín de prensa que decía: "Christie's tiene el placer de informar a sus clientes que la Corte Federal de Nueva York negó anoche una moción del Patriarcado Ortodoxo Griego de Jerusalén para detener la venta, esta tarde, del Palimpsesto de Arquímedes. El juez decretó que bajo las leyes aplicables, nuestro consignatario tiene claramente derecho a vender el manuscrito, y la venta se realizará conforme a lo programado".
La subasta terminó en menos de cinco minutos; la última postura fue de dos millones de dólares, a lo que deben sumarse 202 mil 500 dólares, la comisión de Christie's. El ganador de la puja era Simon Finch, intermediario londinense de 49 años, quien había comprado el manuscrito para un coleccionista privado estadunidense que sigue en el anonimato.
Agotados los procedimientos legales, el 18 de agosto de 1999 el juez Kimba Wood ratificó que la venta era legal. "El Patriarcado nunca formuló alegatos sobre otros manuscritos del Metochion en manos privadas ni anunció la desaparición, pérdida o robo de cualesquiera manuscritos del Metochion", declaró el juez. Añadió que el Patriarcado quiso excusar su falta de acción señalando que "como orden monástica, no se podía esperar que buscara una pintura". Pero la corte replicó que "si el Patriarcado fue capaz de buscar consejo legal con impresionante velocidad para presentar este recurso la noche previa a la subasta de Christie's, pudo haber buscado consejo legal para el Palimpsesto, o al menos hacer algunas indagaciones, en algún punto de los últimos setenta años".
Los últimos años
El propietario del manuscrito se lo prestó al Museo de Arte Walters, con sede en Baltimore, para que ahí se realizaran las tareas de conservación y análisis necesarias para ofrecer el contenido del documento al mundo. Entre junio de 1999 y mayo del 2001, el libro se exhibió al mundo, y se integró un equipo multidisciplinario para recuperar el texto de Arquímedes.
Para este propósito, se organizó un certamen. Los dos finalistas fueron el Instituto Tecnológico de Rochester y la Universidad Johns Hopkins, que a fin de cuentas trabajaron juntos aplicando distintas técnicas (obtención de imágenes multiespectrales, fluorescencia hiperespectral, microscopía confocal, etc.). Estos esfuerzos lograron recuperar alrededor de 80 por ciento del texto. En 2003 un físico de la Universidad de Stanford, Uwe Bergmann, propuso emplear un acelerador de partículas para producir rayos-X sincrotrónicos (más enfocados que los convencionales) y así poder ver detrás de las ilustraciones. La técnica se probó en abril, y a principios de mayo un acelerador de Stanford empezó a bombardear páginas con radiación-X sincrotrónica para descubrir al Arquímedes aún oculto en el palimpsesto. Se espera coronar el proyecto hacia el 2008 con una versión interactiva en DVD de la obra de Arquímedes; sólo entonces volverá el palimpsesto a manos de su anónimo comprador.
Periodismo Científico
12/06/2005




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