Pantalones de Napoleón ayudan a resolver misterio de su muerte

Napoleón Bonaparte

Este jueves se cumplieron 184 años desde que Napoleón Bonaparte, entonces de 52 años, muriera en el exilio británico de la Isla de Santa Elena. Y nada mejor para recordar la fecha que el anuncio, hecho por tres especialistas suizos, de que los pantalones del gran corso fueron instrumentales para resolver al fin el misterio de su deceso.

Aunque la autopsia de Napoleón declara explícitamente que el ex emperador francés murió debido al cáncer de estómago que padecía, desde hace décadas se ha polemizado sobre la posibilidad de que su muerte tuviera otras causas: negligencia médica o envenenamiento por arsénico, accidental o deliberado.

Entre los académicos, el diagnóstico de cáncer gástrico siempre ha sido el dominante, incluso después del descubrimiento de dosis elevadas de arsénico en las raíces capilares de Napoleón. Este descubrimiento estimuló las tesis conspiracionistas, y la de por sí abundante bibliografía sobre el personaje engordó aún más (según los franceses, se han escrito más de 400 mil libros sobre Napoleón). Para mucha gente, Napoleón murió envenenado.

Una cuestión de peso

Un nuevo reporte publicado en la American Review of Human Pathology aspira a zanjar de una vez el asunto. El informe, elaborado por tres especialistas suizos, emplea estadísticas, documentos y análisis directos de los pantalones que vistió Napoleón en sus últimos años para determinar que en sus meses postreros, el emperador sufrió una importante pérdida de peso, lo cual en su opinión es razón suficiente para dictaminar que murió de un tumor maligno en el estómago.

Alessandro Lugli, médico en jefe adjunto en el Hospital Universitario de Basilea, y dos colaboradores del Instituto de Historia de la Medicina de la Universidad de Zurich, Andrea Kopp Lugli y Milo Horcic, resolvieron atacar el misterio explorando en detalle la cuestión de cuánto pesaba Napoleón al morir.

Aquel 5 de mayo de 1821, después de que Napoleón expiró, un equipo de médicos ingleses emprendió la tarea de examinar el cadáver; esto no fue un ultraje: el propio Napoleón lo había pedido, supuestamente con la idea de dejar a su descendencia un mensaje de alerta en caso de que, como su propio padre, lo matara un cáncer de estómago. Gracias a esto, esa autopsia está relativamente bien documentada. Lugli y sus colegas descubrieron que, según sus antecesores médicos, Bonaparte tenía en su abdomen una capa de grasa con un espesor de 3.8 centímetros. Calculando a partir de este dato, sabiendo que Napoleón medía 167 centímetros y que murió a los 52 años, los investigadores revisaron y tabularon 270 autopsias de la época para establecer una correlación entre peso y grosor de la grasa corporal. Su conclusión basada en este análisis estadístico fue que Napoleón pesaba al morir aproximadamente 75.9 kilos.

Una nueva comparación, con otro grupo de control, permitió a Lugli y compañeros dictaminar que la estatura y el peso de Napoleón sí eran compatibles con un diagnóstico de cáncer estomacal. Si bien es cierto que muchos pacientes que mueren por esta causa exhiben emaciación y otros síntomas de desgaste, también ocurren casos de peso normal y hasta de sobrepeso.

Cambio de cintura

Es aquí donde entran en la ecuación los pantalones de Napoleón. Gracias a los museos de Malmaison y Fontainebleu, los investigadores pudieron aplicar sus instrumentos a nueve de los pantalones que vistió Bonaparte en diversos periodos de su vida.

Las imágenes de Napoleón como un general exitoso que barrió al mundo con sus victorias lo muestran como un hombre delgado, pese a su tamaño. El análisis de sus pantalones, otra vez tomando como base una muestra de 121 adultos sanos de toda Europa, sugiere que a Bonaparte le pasó lo que a muchos individuos: con la edad, aumentó de peso. En 1804, al terminar el periodo del Consulado, él tenía 35 años y pesaba alrededor de 67.8 kilos. Para 1815, cuando sufrió la célebre derrota de Waterloo (el 18 de junio), el emperador ya pesaba 82.6 kilos: había aumentado casi 15 kilos en unos 11 años.

Tras Waterloo, Napoleón fue capturado por los ingleses y enviado a Santa Elena. Ahí continuó la tendencia de los años anteriores. Las imágenes de la época dejan de mostrarlo como un chaparrito esbelto; el corso exiliado empieza a tener una complexión más redondeada. Su peso también aumentó: en 1820, el año anterior a su muerte, debió pesar algo así como 90.7 kilos. Sus pantalones de este año mostraban que tenía una circunferencia de 110 centímetros.

Pero los pantalones que vestía al morir hablan de una cintura de 98 centímetros: el emperador pesaba según los cálculos alrededor de 79.7 kilos. Esto indica que entre el otoño de 1820 y mayo de 1821, Napoleón perdió algo así como once kilos. Una pérdida así de importante en un plazo tan breve, cuando se combina con las observaciones de los médicos y otros indicios, apunta a una sola conclusión: detrás de su muerte estaba un tumor maligno alojado en su estómago.

La confirmación la obtuvieron los científicos siguiendo durante seis meses a un grupo de pacientes con cáncer gástrico, que perdieron de 11 a 15 kilos en ese lapso. “Estamos seguros de que el reporte de la autopsia habla claramente a favor del cáncer gástrico (del estómago)”, dijo Lugli.

No al arsénico

¿Qué hay entonces de las hipótesis sobre su asesinato con arsénico? En 1840, 19 años después de su muerte, el cuerpo de Bonaparte fue devuelto a Francia para ser sepultado en Les Invalides, en París; se encontró magníficamente conservado, y al analizarse su cabello, se encontraron trazas de arsénico, históricamente célebre como veneno.

Lugli y su equipo apuntan que, además de ser una base tenue sobre la cual sustentar toda una teoría, la idea del arsénico puede tener una explicación más simple: a Napoleón le gustaba el trago, y los productores de vino de su época solían secar con arsénico las barricas. Esos residuos de arsénico sólo serían el testimonio de su afición a las bebidas espirituosas.

También podría haber arsénico en su cuerpo debido a que, como sugieren otras hipótesis, este elemento estaba presente en la pintura de su papel tapiz.

En todo caso, la conclusión de los investigadores coincide con los defensores del envenenamiento lento de Bonaparte.

Según estas teorías, el conde francés Charles de Montholon, ansioso de ponerle las manos a parte de la herencia de Napoleón, lo envenenó lentamente hasta suministrarle una mezcla de medicamentos que, en su organismo debilitado por el arsénico y los eméticos que le dieron los médicos, produjo una hemorragia que le causó la muerte. Lugli y sus colegas concluyeron que el deceso del gran corso se produjo muy probablemente debido a una hemorragia en el tracto intestinal superior.

El enigma de la mano en el chaleco

Por qué en muchas imágenes aparece Napoleón con la mano metida en el chaleco? Se han planteado toda clase de ideas: que tenía una úlcera estomacal, que le estaba dando cuerda al reloj, que tenía mucha comezón en la piel, que no era cortés poner las manos en los bolsillos, que tenía una mano deforme, que tenía una bolsita perfumada para aspirar su aroma. Incluso que a los pintores no les gusta dibujar manos. Una idea probablemente más próxima a la verdad la escribió hace 10 años Arline Miller, quien señala que los retratos con la mano en la pose napoleónica aparecieron con “frecuencia implacable” en el siglo XVIII hasta llegar a convertirse en un lugar común en los retratos. “En la vida real, la pose de la mano guardada era común para los hombres de buena cuna”, dijo. Un manual de la época dice que esa postura significa “intrepidez varonil atemperada por la modestia”. Es posible que el gran actor francés Talma, quien se dice entrenó a Napoleón para que adoptara posturas imperiales, estuviera familiarizado con los antecedentes que datan desde los griegos.

Teorías de un deceso

  1. Cáncer de estómago. La autopsia realizada a Napoleón por su médico Francesco Antommarchi y otros cinco doctores concluyó que murió de cáncer del estómago. Al parecer su padre había muerto de lo mismo, y el propio Napoleón pidió una autopsia que alertara a su hijo sobre el peligro.
  2. Asesinato. El conde francés Charles de Montholon, a cargo de la casa donde vivía Napoleón, puso arsénico en su vino durante muchos años, y acabó con su vida suministrándole una combinación de medicinas tóxicas.
  3. Envenenamiento accidental por el papel tapiz. Las condiciones de humedad de Santa Helena transformaron el arsénico usado para teñir el papel tapiz de su casa en un vapor tóxico que lo envenenó poco a poco.
  4. Negligencia médica. Napoleón tenía tiempo enfermo. Los médicos le administraron dosis regulares de tártaro emético, un compuesto diseñado para hacerlo vomitar. Esto le causó una seria deficiencia de potasio que se tradujo en una afección cardiaca, la cual a su vez interrumpió el flujo sanguíneo a su cerebro.
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