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El sexo alarga (y alegra) la vida

Aunque por el momento no es posible vivir para siempre, todo parece indicar que sí se puede vivir más, y de paso disfrutar el experimento si se sigue una fácil receta: sexo y más sexo. “La práctica del sexo alarga la vida”, dijo el profesor Manuel Castillo Garzón, de la Universidad de Granada, sumarizando las conclusiones del tercer congreso de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL).

En Valencia, el catedrático lo aseguró tajante: el sexo “es el tipo de actividad fisiológica que más influye en el ánimo y en el bienestar de la persona”, así que quienes tienen una vida sexual satisfactoria pueden esperar que sea también más larga, resultado de los cambios hormonales que produce la actividad sexual.

Lejos de buscar la “bala mágica” contra las enfermedades en los genes, los fármacos u otras soluciones externas, el catedrático dijo que con la actividad sexual basta, ya que mejora las capacidades defensivas del cuerpo, previene el desarrollo de no pocas enfermedades, e incluso tiene un efecto analgésico que permite a las personas resistir mejor el dolor, gracias a “las endorfinas que se segregan durante el acto sexual y que se convierten en un importante refuerzo del organismo”.

A mover el esqueleto

Como no podía faltar el prietito en el arroz, Castillo Garzón agregó a su receta contra la vejez la práctica del ejercicio físico, al que llamó “crucial” porque, además de mantener el cuerpo a tono, por supuesto que deja al practicante en mejores condiciones para que el sexo sea placentero, ya que tendrá más flexibilidad y capacidad de recuperación.

“Una práctica regular de gimnasia o de algún deporte beneficia la práctica sexual y consigue que ésta sea más satisfactoria. Con treinta minutos de ejercicio aeróbico en días alternos o ejercicios de fuerza, que son los que más incrementan la testosterona y la hormona de crecimiento, serían suficientes para cubrir las necesidades de actividad que necesita el organismo”, aseguró el médico.

Estudio paralelo

Hablando de testosterona, al estudiar los cambios fisiológicos causados por la actividad sexual en el organismo, el investigador también estudió los parches de testosterona con los que se ha procurado combatir los problemas de falta de deseo sexual en algunos pacientes.

“Recientemente realizamos una investigación con deportistas que demostró que a aquellos a los que les aplicábamos parches de testosterona incrementaban la frecuencia de contactos sexuales. De ahí que hayamos iniciado una línea de trabajo en la que utilizamos testosterona para tratar a los pacientes que padecen problemas sexuales”, explicó.

El presidente de la SEMAL, José Márquez Serres, dijo que “muchos de los pacientes que llegan a las consultas para someterse a estos tratamientos vienen preocupados porque su vida sexual no es tan plena como en años anteriores”. De ahí que sea tan importante estudiar la sexualidad como parte de los estudios contra el proceso de envejecimiento. Todas las investigaciones en esta línea, dijo, “serán muy positivas para los pacientes porque les ayudarán a vivir una vida más plena”.

Resultados anteriores

Los nuevos resultados y conclusiones que se presentaron en el congreso de la SEMAL no hacen sino ratificar numerosos estudios que han ido desvelando el importante papel del sexo para una vida más satisfactoria y plena.

Uno de los trabajos más conocidos es el realizado por David Weeks, del Hospital Real de Edimburgo, en Escocia. Como Weeks es psicólogo, se ocupa de hacerse preguntas peculiares, y a él se le ocurrió preguntarse por qué razón hay gente que se ve mucho más joven que su edad biológica.

Para indagarlo, puso un anuncio en la revista New Scientist buscando personas con estas características. Encontró a casi 3 mil 500, y les aplicó un amplio cuestionario sobre sus hábitos. Los resultados los resumió en un libro llamado Los secretos de los súper-jóvenes.

Weeks resumió así los resultados de su libro, en una entrevista con el diario La Reppublica: “Hacer el amor al menos tres veces por semana alarga la expectativa de vida un promedio de 10 años”. ¿Cómo? El ejercicio sexual, explicó, previene el cáncer de próstata, protege contra la diabetes, la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares, cura el dolor de cabeza y favorece el desarrollo del sistema nervioso.

No hablaba por hablar. El pasado abril, investigadores del Instituto Nacional contra el Cáncer reportaron en el prestigioso Journal of the American Medical Association que los orgasmos hacen bien a los hombres: sea a través del coito, con cualquier tipo de pareja, o de manera espontánea o incluso a través de la masturbación, el otrora nefando “pecado de Onán” en realidad hace bien: los hombres con más orgasmos redujeron su riesgo de contraer cáncer de próstata -que tan sólo en Estados Unidos mata cada año a casi 30 mil personas- en un tercio, comparados con los que reportaron menos orgasmos.

Por cuanto al dolor de cabeza, un estudio de la Universidad Rutgers en Nueva Jersey estimó que un orgasmo, gracias a la abundante producción de endorfinas asociada a él, surte un efecto equivalente al de tomarse dos aspirinas.

Y como si todo lo anterior no fuera suficiente, Werner Habermehl, profesor del Instituto de Sexología de Hamburgo, dijo que “el sexo promueve nuestra capacidad para concentrarnos, alarga nuestro margen de atención y estimula la creatividad y las ideas: en pocas palabras, el sexo te hace más inteligente”.

“La gente que practica el sexo regularmente está entrenando su cuerpo física y fisiológicamente para estar en gran forma. Durante el intercurso sexual, nuestros cuerpos fabrican un poderoso coctel de hormonas que tiene un impacto inmensamente positivo”, dijo.

El coctel mencionado incluye a las hormonas adrenalina y cortisol, estimulantes de la materia gris.

Como Habermehl es sociólogo, hizo pruebas con estudiantes universitarios, a los que aplicaron distintos tests mentales antes de y después de sesiones de sexo, para descubrir que las calificaciones mejoraban considerablemente después de hacer el amor.

La conclusión del sociólogo es que la actividad sexual regular parece “incrementar significativamente la capacidad mental”.

Como remate a todos los beneficios físicos que proporciona el sexo, hay que contar también los beneficios psicológicos. Marianne Salleron, de la Asociación Francesa de Centros de Consultoría Conyugal, asegura que el sexo “nos reafirma, nos valoriza: nos hace bien. Desarrolla la generosidad, la ternura, el deseo de aprender, de descubrir, de estar en contacto con la vida”.

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